Elisa Carrió, la jefa de la Coalición, tuvo una larga charla con Macri en Olivos. Después festejó el convite con las espadas legales del Presidente. Planes electorales para octubre. Sigue caliente la interna cordobesa.


Ignacio Zuleta

La reaparición de Elisa Carrió en Olivos es mucho más que una muestra de alta cortesía entre socios del oficialismo. Desmiente la leyenda de la Carrió disolvente, cuando en realidad es una constructora según una racionalidad de otro registro, distinto al de la habitualidad política. Lo demostró facturando ante Mauricio Macri el acierto que ha sido el DNU de extinción de dominio. Esta arma de destrucción masiva para la oposición, fue una idea original de la jefa de Coalición, que navegó sin luces desde hace seis meses y que se sirvió del ala pretoriana de Olivos, porque el primer original del decreto salió de la computadora de Fabián Rodríguez Simón. Por eso el festejo, aunque cerrado a pocos, fue estridente en la noche del miércoles, después de la cita en Olivos, en la coqueta Panadería de Pablo [Massey], en cercanías de la residencia presidencial. Allí levantaron las copas Lilita, los fogoneros del encuentro, Rodríguez Simón y José Torello, y el jefe del bloque de la Coalición, Juan Manuel López. Quintana, único testigo del encuentro, no se quedó a esa sobremesa. Son herméticos en cuanto a lo hablado, pero en esa reunión —cuya vocería limitaron a una gacetilla de Marcos Peña, ausente en Olivos — se devanaron varias cuestiones pendientes.

Rodríguez Simón, asesor presidencial y perito en cuestiones complejas, es un experto en recesos legislativos de verano. Fue inspirador en 2016 del DNU que implantó a Carlos Rosenkrantz y a Horacio Rosatti en la Corte, y empujó con éxito en el verano de 2018 el DNU ómnibus de desregulación. En los dos casos el uso de la lapicera presidencial mientras dormía el Congreso dio frutos, y tanto la nueva Corte como ese decretazo tuvieron sanción legislativa. Ahora el DNU de extinción de dominio arrincona al peronismo, que se opone porque entiende que las causas judiciales que acosan a ex funcionarios del anterior gobierno son promovidas por este gobierno, y que son víctimas de una persecución política. Este argumento es débil ante la fuerza del envión que le significa al Gobierno tener a su oposición explicando remilgues jurídicos, para frenar la incautación de bienes.
Una táctica para escapar a la unificación del peronismo

El Senado aprobó en agosto pasado el proyecto to de extinción de dominio, revisando la desprolija versión que habían logrado votar en Diputados los legisladores del Frente Renovador. Ese texto hacía depender el decomiso de bienes mal habidos, del destino de la causa penal. Sólo cuando hubiera sentencia en ese fuero podía ejercerse el procedimiento civil. Como esa votación del Senado no tenía 2/3 de los votos, Diputados debía revisar la sanción por segunda vez. El escenario preveía que los bloques del peronismo alternativo insistiesen en el proyecto original, junto a los diputados de Cambiemos. El clima del debate ya estaba enrarecido por la discusión del proyecto de Presupuesto, que contenía el acuerdo con el FMI. El oficialismo temió que el acuerdo con ese sector de la oposición —tentado de unificar las tribus peronistas y poner de rodillas al Gobierno— no iba a cumplir con el compromiso de enterrar el proyecto del Senado, y en cambio, dejarlo firme. En ese momento Carrió propuso, con éxito, dormir la iniciativa y poner en marcha el operativo pretoriano del DNU. El diseño: Esto tiene que quedar en manos del presidente para que aproveche el prestigio del proyecto y tiene que firmarlo en el verano, cuando esté cerrado el Congreso.
La primera versión era más dura

Rodríguez Simón —que se define como un condotiero del derecho— redactó el primer texto del DNU que tiene sensibles diferencias con el que firmaría Macri, pero el resultado no le hizo dejar de festejar que pudiera imponer el método como una salida para un gobierno en minoría en las dos cámaras. Su versión era la más dura que lo que se pudiera imaginar. La incautación era por la vía civil — que según la experiencia es más veloz que la vía penal— pero se apoyaba en el artículo del Código Civil que pena el “enriquecimiento sin causa”. Ese artículo dice que “Toda persona que sin una causa lícita se enriquezca a expensas de otro, está obligada, en la medida de su beneficio, a resarcir el detrimento patrimonial del empobrecido. Si el enriquecimiento consiste en la incorporación a su patrimonio de un bien determinado, debe restituirlo si subsiste en su poder al tiempo de la demanda”. Si un encartado por delitos no podía justificar sus bienes, se le incautaban por enriquecimiento sin causa lícita y ahí terminaba todo. Si en el fuero penal era absuelto, no tenía derecho a reclamo. Algo ocurrió camino del foro, porque ese texto transitó entre asesores del Congreso, de los Ministerios de Seguridad y Justicia, de la Jefatura de Gabinete y esa inspiración se perdió. Según el DNU, si en el fuero penal el incautado es absuelto, tiene derecho a que le devuelvan todo.
Extinción y Venezuela frenan al peronismo en la franja moderada

Esos ajustes de cuentas ocurrirán entre cuatro paredes, pero igual se festejó la firma y se le reconoció a Carrió que fuera la inspiradora de esa medida que, junto a la posición del Gobierno frente a la crisis de Venezuela, son hoy las dos armas que le permiten frenar el avance del peronismo allí donde tiene que crecer, que es en el voto moderado de las grandes ciudades. Allí es donde clava sus pretensiones de continuidad el Gobierno, con el proyecto de reelección de Macri. El pergeño estratégico divide el mapa en tres segmentos y propone un objetivo en cada uno de ellos: ganar bien en la zona núcleo de Cambiemos —la región centro, para usar una palabreja agropecuaria—, no perder por mucho en el NOA y tratar de empatar en las provincias patagónicas. El peronismo, que tiene que vérselas con sus divisiones internas, la disputa de liderazgos y la debilidad en las provincias que aportan más votos, se desgasta ahora con explicaciones jurídicas sobre la constitucionalidad o la legalidad del DNU, como si estuvieran en un taller de trabajos prácticos de la facultad. Si tuviera una mesa unificada que analizase esa situación, podrían haber corrido hacia adelante avalando el DNU y que cada palo aguante su vela. En el caso de Venezuela, el Gobierno fue más eficaz, porque lo dividió más al peronismo. Los alternativos, como la mesa de Pichetto, condenaron al régimen de Maduro. El Instituto Patria, en cambio, se atascó en el túnel del tiempo. Visto con distancia, ¿dónde está el negocio para el peronismo, en plena campaña, de quedar pegado al rechazo de la incautación de bienes mal habidos, o a las llamas del Palacio de Miraflores? Decir que la posición de gobierno en esos dos casos es oportunista, es una confesión de ingenuidad.
Los traductores entre Macri y Carrió Sobre lo hablado en la Panadería de Olivos, nadie quiere decir mucho.

La razón del encuentro se entiende: Macri necesitaba refrescar el aval de Carrió y nada mejor que aprovechar para reconocerle la idea del DNU, que nadie discute, aunque haya perdido poder de detonación al no limitar la extinción de dominio exclusivamente al fuero civil. También se entiende la presencia de Quintana, el mejor mediador entre Macri y Carrió, que como hablan lenguajes distintos, hacen necesario algún traductor solvente. La curaduría de Lilita estuvo a cargo durante mucho tiempo de Rodríguez Simón y de Torello, pero pudo haber desinteligencias durante el debate sobre el aborto. Carrió creyó ver alguna acción de estos asesores detrás de la aprobación del proyecto en Diputados. Quintana salió del Gobierno después de ese debate, y Carrió lo lloró como una capitulación de Macri ante las presiones. La ausencia de Quintana explica también las distancias que quedaron superadas en la reunión del miércoles. El empresario — que en Migraciones se registra ahora como “desocupado”, al ingresar sus datos cuando viaja— habla un lenguaje muy cercano al de Carrió, que está por encima de la política, y que roza la filosofía y cierta espiritualidad que no es común en sus colegas. Actúa como coach en reuniones políticas como las que organizó a fin de año para el gabinete de Vidal en el museo de trenes de Retiro. Ahora extenderá el método en giras con Carrió por todo el país. “Voy a formar a la futura generación de dirigentes#” es su programa.
Mesa de arena en Olivos

La reunión transcurrió por un amplio repaso del escenario nacional e internacional. Se entusiasmaron con el rol de Cambiemos, de ser el primer gobierno no peronista que se prepara a terminar su mandato desde 1928. No dejaron afuera los reproches de la diputada a ciertas conductas del presidente. Como dos profesionales, llevaron ese ajuste de cuentas por el carril del humor. No dejaron tema sin conversar. 1) Carrió dejó en claro que Mario Negri es su candidato a gobernador en Córdoba, y alentó la idea de que alguien lo baje a Luis Juez de la alianza que cerró el diputado, para pelearle la candidatura a gobernador a Ramón Mestre. Negri dice que él no baja a nadie porque tampoco lo subió. Juez se le sumó en su apoyo como candidato a intendente, con la venia de Marcos Peña. En todo caso que lo baje la Casa de Gobierno. Si alguien de arriba no intercede, no habrá interna, porque el Pro de Córdoba no firmará el acuerdo. Sobrevendrá un cierre clásico que mandará a las elecciones a las fuerzas de Cambiemos separadas. Allí se precipitará seguramente la intervención de Olivos. 2) Carrió no participará de la pelea del Gobierno con los radicales por la vacante en la Cámara Nacional Electoral. La mesa judicial respalda al candidato Hernán Gonçalves Figueiredo, que salió tercero en el concurso, y tiene el apoyo de Miguel Pichetto. Los radicales respaldan a la que salió primera, Alejandra Lázzaro. Macri habría postergado decisiones hasta hablar con los radicales, pero parece dejar todo en manos de Torello, que es apoderado del Pro y además jefe de asesores de la Presidencia. Eso le da chapa para resolver.
CLARIN


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