"¿A los chicos les gusta?", me preguntó la directora de primaria de la escuela. Le dije que no solo a los chicos, sino que especialmente a los docentes.


Juan María Segura

Mi respuesta estaba basada en observaciones y comprobaciones que ya había realizado en el campo, tanto a través de talleres de capacitación docente que había dirigido como observando el funcionamiento de clases regulares en donde la metodología ya funciona en Argentina. Estoy hablando de Accelium, una metodología activa de aprendizaje mediado basada en el juego, que finalmente llegó al país.

La escuela y el juego mediado no necesariamente han sido socios históricos. Me animo a afirmar lo opuesto: que la escuela clásica, modelo 1.0, refinó su diseño original y afianzó un tipo de práctica que dejó cada vez menos espacio para el juego.

Pregunte a un niño qué es lo que más le divierte de la escuela y obtendrá un alto porcentaje de respuestas que señalarán al recreo como lo más divertido. Algunos, como lo único divertido. Es que en el recreo se juega, se crea, se improvisa, se experimenta, se sociabiliza. El recreo permite aprender de los errores, profundizar intereses, obviar relaciones o acciones no deseadas, probar abordajes propios guiados por la intuición y el juicio personal, aunque sea de una manera rudimentaria. El recreo escolar es a la niñez lo que una pista de baile al bailarín. Son construcciones indisociables de una condición particular, la de ser niño o bailarín, y el espacio en donde sus contertulios desearían habitar la mayor parte del tiempo. Si patios escolares y pistas se vacían, pierden su condición, se transforma en espacios neutros, desnaturalizados.

No obstante, el recreo es solo un pequeño respiro de "normalidad" en un diseño institucional que la mayor parte del tiempo trata a los niños como adultos mal aprendidos, a los que hay que enseñar, exigiendo una disciplina de la que carecen. Todo aquello que en el recreo hace sentir a los niños vitales y de su condición dentro del aula es tratado con severidad, regulado, desalentado, neutralizado, apagado. Toda esa vitalidad exuberante y deseo de experimentación sin fin queda al servicio de diseñadores curriculares burócratas y docentes con escasos argumentos y herramientas. Cuando expertos en educación declaran que la escuela mata la creatividad, el centro de sus críticas radica en este punto, en hacer de la anormalidad intraaula una nueva normalidad.

Esta subversión de la naturaleza, en donde lo anormal se transforma en normal, y viceversa, y ambas situaciones conviven en el mismo espacio institucional y temporal, supone un reto mayúsculo para el sistema educativo. Y es allí en donde el juego puede hacer un gran aporte, no solo para desanudar una dinámica de aula monótona y poco estimulante para los alumnos, sino especialmente para despertar en los docentes el deseo de mediar el aprendizaje de niños y niñas que ahora se expresará con toda su unicidad y particularidad. Pero para ello hay que llevar el juego adentro del aula. O, mejor dicho, hay que transformar la clase en un recreo, en el más profundo de los significados pedagógicos.

Accelium no es un juego, ni una plataforma, mucho menos un repositorio de contenidos, como suelen preguntar cuando iniciamos la conversación con algún directivo escolar. Es una metodología intraescolar de aprendizaje basado en el juego, lo que también se suele conocer como Game-Based-Learling methodology o GBL.

Iniciada en el año 1994 por jugadores de ajedrez en Israel, Accelium ya ha llegado a más de veinte países en el mundo, contando con millones de niños que actualmente se benefician de sus juegos y dinámicas. Si bien el propósito de la metodología es desarrollar o fortalecer capacidades cognitivas, sociales y emocionales sin alterar o cuestionar los contenidos curriculares principales de la escuela, sus 24 años de práctica le han permitido refinar el diseño de una malla curricular propia que abarca 2 años de educación inicial y 12 años de escuela primaria y secundaria. Son 14 ciclos escolares completos de diseño curricular, diseñados para aprender competencias y fortalecer capacidades a través del juego mediado.

La metodología posee, en su diseño, una estructura que se repite en cada clase. Si bien es sencilla y fácil de comprender y de aprender para los docentes, es la clave de su ADN, y la que le permite diferenciarse de otras formas de juego o consigas lúdicas escolares. Dicha estructura consiste en cuatro partes netamente diferentes de momentos dentro del aula, aunque interrelacionados y secuenciales: un momento inicial de contextualización temática, un momento de juego grupal dentro de la plataforma en línea del programa, un momento de aprendizaje y conceptualización, y momento final de transferencia de lo aprendido a situaciones de la vida cotidiana. Sencillo, repetido una y otra vez, con contenidos y juegos diferentes para cada destreza o competencia, con niveles progresivos e incrementales de complejidad.

La tarea del docente es fundamental en este diseño, pero no tanto desde una posición central en el frente del aula, impartiendo conocimientos y saberes en forma monopólica y unidireccional, sino más bien desde un rol más claro de facilitación, alentando una dinámica de preguntas y respuestas orientadas a la comprensión del proceso. El docente tiene, en cada clase, el desafío de hacer inteligible el juego, de establecer conexiones claras entre los diferentes bloques o momentos de la clase, de adecuar los tiempos de experimentación en la plataforma en línea y en el juego a las consignas curriculares de aprendizaje de ese momento. Es una tarea exigente, que debe respetar y adecuarse a las características de cada cohorte de alumnos, pero refrescante a la vez, pues quita automaticidad al proceso escolar, lo que le devuelve vitalidad, espontaneidad y personalización al proceso de aprendizaje de los niños. Si usted es docente, ¿acaso no querría que sus clases vuelvan a presentarse de esta manera?

En las escuelas de Argentina en donde la metodología ya está funcionando el impacto en docentes y niños es notable. Si bien la metodología, de acuerdo con investigaciones realizadas en diversos países y contextos escolares, produce modificaciones notables en los aprendizajes de los contenidos curriculares centrales, en nuestro país aún es prematuro para afirmarlo. Sin embargo, las sonrisas en las caras de alumnos y docentes ya nos dicen mucho. El recreo ya no ocurre solamente en el recreo, sino también dentro de las clases de Accelium.

Días pasados, al finalizar una clase, un niño tímido se quedó deambulando dentro del aula hasta que se retiraron todos sus compañeros. Fue entonces cuando se acercó a la maestra y le preguntó: "Seño, después del recreo volvemos a esta clase, ¿no?". En otra escuela, al sonido del timbre es acompañado regularmente con un lamento colectivo de niños que no quieren ir al recreo. Es que el juego, diseñado dentro de metodologías como Accelium, generada sanos competidores del recreo escolar.

El autor es presidente de la Asociación Civil Educación 137.
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