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La gobernadora buscó resolver primero el reclamo a Macri por el Fondo del Conurbano. Las conversaciones con Massa se explican básicamente por la necesidad de aprobar el Presupuesto provincial. Y las negociaciones con intendentes del PJ suman el tema social.


Por Eduardo Aulicino

Antes de empezar su propia batalla por el Presupuesto –y no recién a fines de diciembre, como se especulaba-, María Eugenia Vidal logró cierta claridad sobre el modo en que el Gobierno nacional compensará el fuerte deterioro que sufre el Fondo del Conurbano por efecto de la inflación.

Apenas conseguida esa señal, aceleró las negociaciones, de manera destacada con Sergio Massa. No es el único interlocutor ni la única preocupación. La otra y mayor inquietud es el cuadro social. "Todo lo que podemos, lo estamos volcando en programas sociales", afirma un funcionario bonaerense, en un mensaje destinado también a los intendentes.

La tensión por el Fondo del Conurbano fue una señal en sí mismo. No sólo considerada en clave interna, con los límites del oficialismo, que atan la suerte de la gobernadora y la de Mauricio Macri. También, por su mensaje global y hacia el peronismo: no es difícil entrever que esos gestos de Vidal sostienen su imagen y naturalizan que las muy trabajadas concesiones a los gobernadores del PJ, por el Presupuesto nacional, agregarían tarde o temprano la atención a las necesidades de la Provincia.

La primera señal, en esa dirección, fue un compromiso de financiamiento nacional para obras públicas en Buenos Aires, según confirmaron voceros de la Presidencia y de la gobernación. La cifra demandada por el Fondo del Conurbano ronda los 19.000 millones de pesos. ¿Queda agotada así la cuestión? Nadie lo juraría. Menos, si se contempla el siempre preocupante panorama social, con eje en el Gran Buenos Aires y algunos distritos de peso en el interior. Las alarmas, permanentes, se intensifican hacia fin de año.

La decisión de reforzar el rubro social con mayores recursos, en especial los programas alimentarios, es por supuesto previa a la discusión del Presupuesto. Y las conversaciones y contactos en ese terreno incluyen y trascienden el circuito político bonaerense. Además, demandan atención nacional: la ministro Carolina Stanley mantiene comunicación permanente con Vidal y los responsables del área social en la Provincia.

La gobernadora y también Stanley mantienen en pie algunos de los pocos puentes transitados entre el oficialismo y la Iglesia. La cuestión social es uno de los puntos convocantes y el vínculo es sostenido incluso en medio de las tensiones y reproches. No se trata sólo de atender reclamos, para comedores o centros de atención parroquiales, sino además de compartir información necesaria para la gestión. Eso, aclaran, no reemplaza la acción directa de los programas provinciales, ni niega o se contrapone a la relación con los movimientos sociales, más allá de los conflictos de origen político.

Estas conversaciones se repiten con otros interlocutores que, a su vez, mantienen negociaciones por otros rubros de la gestión y de la política: los intendentes. Con ellos, dicen en La Plata, los contactos son permanentes y casi siempre, de escasa o nula trascendencia pública. El Presupuesto se suma ahora a un temario que desde siempre incluye fondos, obras públicas y proyectos enviados a la Legislatura.

"Hablamos con todos", dice un ministro cercano a la gobernadora. En rigor, el "todos" refiere centralmente a los intendentes peronistas. Con buena parte de ellos –es decir, sin contar con margen de acuerdo con los kirchneristas enfrentados más duramente a Vidal- comenzaron las tratativas en base a los borradores del Presupuesto, que en versión definitiva pero sujeto a las negociaciones sería enviado a la Legislatura a principios de la semana que viene.

Vidal necesita de un acuerdo sólido para aprobar el proyecto, y sobre todo los niveles de endeudamiento que calcula la gobernación para el año próximo. Eso explica que las tratativas no se agoten en un solo sector, ni estén en absoluta sintonía o a gusto del paladar del oficialismo en versión nacional.

Eso no refiere especialmente a los intendentes peronistas, que en su mayoría oscilan entre un perfil al estilo del PJ federal y el pragmatismo que los acerca a Cristina Fernández de Kirchner, por el peso que según las encuestas mantiene en sus distritos. Alude más bien al diálogo con Sergio Massa, cuyo último capítulo se dejó trascender esta semana.

Massa, dicen, no adoptó un compromiso cerrado y habría delegado las conversaciones específicas en un pequeño grupo de intendentes y legisladores provinciales. De todos modos, el gesto del encuentro con la gobernadora constituyó un dato político en sí mismo. Vidal necesita el voto del massismo y también el de parte del PJ para sacar adelante el Presupuesto.

Por supuesto, en este juego de negociaciones se cruzan distintos intereses. No es nuevo que el massismo impulsa una iniciativa para permitir que puedan ser desenganchadas las elecciones municipales de las provinciales. ¿Sería un punto a discutir como contraparte del Presupuesto? ¿O alcanzaría con el ida y vuelta de concesiones en el marco de las definiciones presupuestarias?

Se verá en las próximas semanas. Pero por lo pronto, Vidal encara un intenso ejercicio de tratativas, similar en la dimensión provincial al de Macri con el Presupuesto nacional. También la gobernadora juega las últimas chances de acuerdo político antes de entrar de lleno en la campaña.
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Miércoles, Noviembre 14, 2018
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