Escucha en vivo

En la economía persisten altos niveles de desconfianza en los mercados financieros y en la economía real, que se traduce en la persistencia de mal humor en las empresas y familias.

Por Daniel Sticco

Las máximas autoridades de la economía argentina, el presidente del Banco Central, Guido Sandleris, y el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, se abocaron a la búsqueda de recrear la confianza de los inversores internacionales y para eso viajaron a Londres y Nueva York tras la aprobación de la ampliación del Acuerdo con el FMI de USD 50.000 millones a USD 56.300 millones, y, en particular de los adelantos del organismo para cubrir todas las necesidades de divisas hasta fines del año próximo.

Pese a semejante respaldo financiero internacional, porque eso es lo que refleja la asistencia de un organismo que se mueve con la aprobación mayoritaria de los máximos responsables de las finanzas del mundo; los funcionarios argentinos se abocaron a una nueva gira por los principales centros financieros del planeta en busca de consolidar ese apoyo.

Sin embargo, las urgencias del Gobierno ya no pasan tanto por seducir a los inversores del resto del mundo, en particular en la economía real, donde salvo casos contados con los dedos de una mano para hundir capital en emprendimientos energéticos, como Vaca Muerta, y en alguna que otra obra pública, sino por recrear el clima de confianza en los empresarios y economistas locales, de que "ahora sí" los objetivos de política económica se cumplirán.

Los antecedentes inmediatos no son los mejores: los postulados del Presupuesto 2018 quedaron desdibujados desde el mismo inicio del año, tras la inexplicable "recalibración de las metas de inflación" decidida por la Jefatura de Gabinete al cierre del año anterior; y también las metas cuantitativas y cualitativas del Acuerdo I con el FMI aprobada apenas 4 meses atrás.

Y el presente tampoco luce bien, porque el severo cuadro recesivo que afecta a la economía real, junto con la aceleración de la inflación, y la prolongación de un escenario de altas tasas de interés por un período, no ofrece expectativas de reversión en corto plazo, en particular en comparación con el año previo que había logrado revertir, con mucha modestia, la menor actividad que se registró en 2016.

De ahí la persistente baja de la confianza de las familias, pese a que tanto en Hacienda como en el Banco Central se muestran confiados en que hacia fines del año tanto los indicadores de producción y consumo, como de inflación, serán notablemente mejores que los de septiembre y octubre, y se consolidará en 2019.

El presente tampoco luce bien porque el severo cuadro recesivo que afecta a la economía real, junto con la aceleración de la inflación, y la prolongación de un escenario de altas tasas de interés por un período, no ofrece expectativas de reversión en corto plazo
Mientras que el escenario internacional enfrenta un cuadro de crisis política e institucional en las grandes potencias de Europa y Medio Oriente, y en las mayores economías del continente, como los EEUU y Brasil, se advierte un inquietante giro al proteccionismo que agrega más incertidumbre a los empresarios locales que no sólo aspiran a incrementar sus exportaciones con un tipo de cambio más competitivo, sino también que esperan no quedar expuestos a guerras comerciales que depriman los precios de sus productos y a mayores ofertas para desplazar a la producción nacional.

Mecanismos de defensa

Frente a ese cuadro local e internacional, cada vez más se demanda de los funcionarios del Gobierno, como de los legisladores, que escuchen los reclamos de los empresarios, economistas y sindicalistas para que se instrumenten medidas que conduzcan a mejorar la competitividad; reanimar el consumo, y atraer más inversiones productivas, sobre todo luego de que las necesidades financieras del sector público, se dice, que ya han sido cubiertas hasta comienzos de los primeros meses del próximo gobierno.

Aumentan los reclamos de los empresarios, economistas y sindicalistas para que se instrumenten medidas que conduzcan a mejorar la competitividad; reanimar el consumo, y atraer más inversiones productivas
Sin embargo, eso no es lo que se advierte como prioridad en la agenda del Ministerio de Hacienda y del Banco Central, que una vez más parece poner el acento en la seducción a los inversores internacionales que en instrumentar otras acciones que no sólo conduzcan a la desaceleración de la inflación, sino también a recrear expectativas orientadas más a impulsar la producción, que a impulsar nuevos impuestos y postergar la rebaja de otros.

 

Sobre todo después de que los referentes económicos del electo presidente en Brasil, Jair Bolsonaro, dieran señales concretas a los mercados de que desde el primer día de gobierno se abocarán a medidas contundentes orientadas a "dar vuelta a varios años de fuerte caída de la actividad", luego del caso Lava Jato, y un mediocre desempeño de la economía desde que Michel Temer reemplazó a Dilma Rousseff, las cuales contrastan con las propuestas en la Argentina: 1) disminución rápida del déficit fiscal focalizado en la baja real del gasto público; 2) reducción de la estructura de Ministerios; 3) reforma previsional; y 4) avanzar con la reforma laboral, entre muchas otras que incluyen mayor apertura de la economía y plan de privatizaciones.

Mientras esas acciones no se encaren decididamente, y las prioridades giren a dar respuestas a las demandas internas para poder recuperar índices de competitividad internacional que tornen sustentable la búsqueda también de la solvencia fiscal, la brecha entre los índices de riesgo país entre la Argentina y Brasil de más de 2 a 1 se mantendrá por mucho tiempo, y las posibilidades de revertir las crisis recurrentes volverán a frustrarse.
INFOBAE

Miércoles, Noviembre 14, 2018
Director de Transito Fernando Vallejos

Gobierno de corrientes

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