¿Hay alguno en nuestro país que se le parezca al brasileño?


Alejandro Borensztein

Definitivamente hay cosas que la derecha resuelve mejor que la izquierda y cosas que la izquierda resuelve mejor que la derecha, aclarando que tal vez derecha e izquierda ya sean categorías perimidas.

Si entendemos esto quizás podamos empezar a cicatrizar grietas y evitar seguir peleándonos entre cuñados. Veamos.

Supongamos que usted es un simpatizante del Partido de los Trabajadores de Brasil y viene caminando lo más pancho por la Avenida Díaz Vélez con su ejemplar de Página 12 bajo el brazo. De repente, a la altura de Yatay, se le aparecen dos motochorros que le tironean de la barba, le arrancan el morral con la billetera, el celu, el útimo texto de Carta Abierta con sus anotaciones en castellano y las entradas para el recital de Víctor Heredia y Teresa Parodi. ¿Qué preferiría usted que sucediera?

Opción 1. Aparecen Zaffaroni y Verbitsky explicando que la concentración de la riqueza genera exclusión, marginalidad, aumento del delito y que esto se resuelve con políticas públicas inclusivas como las que implementaba Scioli, mientras los dos hijos de puta escapan con el morral y todas sus pertenencias.

Opción 2. Aparecen dos oficiales de la Bonaerense acusados de connivencia con la barra brava de Almirante Brown, que empiezan a correr a los delincuentes con un palo en la mano, los alcanzan, les dan para que tengan y le recuperan todo lo robado.

Con una mano en el corazón: ¿cuál cree usted que sería su sentimiento en ese exacto momento? Lo dejo pensando.

Lo mismo sucede al revés. Supongamos que usted es un jubilado que toda su vida abrazó el ideal de libre mercado con un Estado pequeño sin intervención en la vida económica, tiene una foto del Ingeniero Alsogaray en la mesita de luz y se duerme escuchando mantras libertarios narrados por Javier Milei. Pero hoy le quedan 500 pesos en el bolsillo, falta una semana para cobrar la jubilación y fue a la feria a comprar algo para morfar porque tiene la heladera vacía. ¿Con qué escenario le gustaría encontrarse?

Opción 1. Se le aparecen Gabriela Michetti, Esteban Bullrich y el Rabino Bergman y le explican que el país está en un proceso de cambio y que el esfuerzo que hacemos hoy se va a compensar cuando las condiciones económicas les devuelvan la confianza a los mercados, crezcan las inversiones, recuperemos el trabajo de calidad y sarasasasa.

Opción 2. Aparece Dilma Rousseff y le da un bono jubilatorio inmediato de 3.000 mangos compensando el nuevo gasto fiscal con retenciones a las exportaciones de caipirinha para que usted manotee la guita y se vuelva a casa con el changuito lleno.

¿Qué opción elige? No me diga, la imagino.

Tal vez usted se pregunte por qué cuando hablamos de izquierda usamos al PT brasileño en lugar de hablar de kirchnerismo. Respuesta simple: difícil darle categoría progresista a un espacio político que tuvo entre sus principales referentes a Berni, Fernández (x2), De Vido, Insfrán o Alperovich.

Planteadas así las cosas, viene otra pregunta: ¿por qué la supuesta izquierda regala banderas tan reclamadas por la sociedad como la seguridad o la obra pública? ¿Por qué la derecha renuncia a las causas culturales o científicas y supone que los humildes pueden postergar, aguantar y esperar por sus soluciones?

Este tema abre un profundo y sabio debate que, por supuesto, alguien dará en cualquier otro momento. No hoy. En este contexto hay que entender la llegada de Bolsonaro a la escena regional. Una pequeño paso de comedia para la historia política latinoamericana pero un gran paso para las páginas de humor político. Cabeza a cabeza con Donald Trump. O con Cristina, mal que le pese al falsoprogresismo. Aunque el Gato también tiene su parte divertida, nada se compara con la desopilante batucada valijera de la década sin cloacas, sin agua, sin gas, sin nada, pero ganada.

Lo más interesante del tema es que los políticos argentinos ya han tomado nota de este fenómeno brasileño y, aunque jamás lo reconocerían en público, puertas adentro ya están pensando qué partes de Bolsonaro usarán electoralmente el año que viene. Obviamente, hay gente a la que Bolsonaro le queda más cerca que a otra. Pero llegado el caso, ningún sector le va a hacer asco a nada. Básicamente porque nuestra izquierda no es tan izquierda y nuestra derecha no es tan derecha.

Curiosamente tenemos una supuesta izquierda que gobernó doce años, dejó un tendal de pobres, récord de ventas de BMW, Audi y Mercedes Benz, ganancias siderales para los bancos y la más absoluta incapacidad para proveerles agua corriente o gas natural a millones de argentinos. Y también una supuesta derecha que no puede controlar el dólar ni convencer a los mercados que hace rato le dieron la espalda. Dos asuntos que se suponía que manejaban de taquito. Pues no.

Conclusión: ni el kirchnerismo es la izquierda ni Cambiemos es la derecha como suelen repetir los kirchneristas. De hecho, esta es la razón principal por la que Macri les gana siempre. Los K no pueden identificar a su adversario: miran a Cambiemos y se imaginan al Pentágono. Error garrafal.

Este enorme malentendido ideológico les abre a los políticos una extraordinaria oportunidad: la búsqueda del pedacito del discurso bolsonarense a ser apropiado o directamente la creación de su propio Bolsonaro. El apabullante 46% de votos obtenidos en la primera vuelta es demasiado tentador como para andar con prejuicios ideológicos.

¿Cómo hacer para que los políticos de nuestro país encuentren su Bolsonaro? El país de Rosenkrantz y Lorenzetti, el de Lilita y Garavano, el de Iguacel y las 24 cuotas que al final recularon, el de Cristina protestando por el gas a 4 usd/BTU después de haber fundido el país importando barcos de gas a 10 usd/BTU, o el de Massa y sus declaraciones sobre “los que saquean el país vendiendo productos primarios”. Para un país en joda, nada mejor que una solución en joda. Hagamos un concurso por TV: La Voz Bolsonaro Argentina.

Un gran estudio, un jurado que se sienta de espaldas al escenario y cuando el participante dice algo bien facho alguno del jurado aprieta el botón, se da vuelta la butaca y el tipo pasa a la final. Ejemplo, entra el participante número uno y grita: “¡Buenas noches América!” Pero no se da vuelta nadie porque estamos buscando un buen facho, no un outsider.

Entra otro y, como todo el estudio se refleja de color amarillo, se dan vuelta los cuatro pensando que es uno de los tantos fachos que tiene Cambiemos, y sí. Es la campera amarilla de Olmedo. Pero no sirve. Olmedo es un falso facho porque en el fondo da gracioso. El verdadero facho siempre debe tener capacidad de hacer daño. No es el caso.

Pasamos a otro participante. Aparece un tipo vestido de militar y dice: “Voy a poner el ejército al servicio de la causa nacional”. “¡A la mierda!” grita Ricardo Montaner, “lo mismo decían Suarez Máson, Bussi y Menéndez. Este es un facho en serio”. Todos aprietan el botón rojo y se dan vuelta. Y ahí mismo descubren que es Milani, lo más parecido a Bolsonaro que tenemos en stock. Al toque aparece en el escenario su socio en la panchería, Guillermo Moreno, y juntos hacen la rutina a dúo: “¡Hola Guille!”. “Qué bueno que viniste -dice Milani-. “¿Qué te parece si salimos el finde a reventar ateos?”. “Me encantaría pero no puedo, César”, dice Guille, “el sábado me tengo que quedar triturando ajos para hacer la mostaza”. Y ahí caemos en la cuenta de que no sirven. O sos un verdadero facho en actividad o tenés una panchería. Las dos cosas son incompatibles.

No importa. Habrá que seguir buscando. Ejemplos sobran. Sólo es cuestión de encontrar la cuota de Bolsonaro que tantos argentinos llevan adentro.
CLARIN


0
0
0
s2smodern
powered by social2s
DRA TERESITA ORREGO DIABETOLOGA

Gobierno de corrientes

Alternative flash content

Requirements

incone

lamarta

SE INAUGURÓ EN CENTRO ONCOLÓGICO DE CURUZÚ CUATIÁ

institucional

Alternative flash content

Requirements

LA MARTA pagina web