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Ema Graña, ex alumna del Colegio Nacional de Buenos Aires, habla de las situaciones de acoso y discriminación que vivieron por ser mujeres por parte de algunos docentes y preceptores.

Por qué se decidieron a dar un discurso en el que los denunciaron públicamente. Las situaciones violentas que vivieron en su adolescencia."Ya no se pueden aceptar los distintos tipos de violencia machista", afirma
Por Gisela Marziotta

Ema Graña junto a un grupo de compañeras egresada del Colegio Nacional de Buenos Aires decidieron visibilizar las situaciones de acoso y discriminación que vivieron desde que ingresaron en el establecimiento, en el año 2012, durante el acto de entrega de diplomas que se realizó la semana pasada.

El discurso tuvo repercusión internacional y generó un enorme debate sobre la naturalización de los distintos tipos de violencia machista que sufren las mujeres en los diferentes ámbitos de la sociedad.

-¿Cómo tomaron la decisión de contar lo que pasaba en el Colegio?

-Nosotras por el tiempo en el que estuvimos en la secundaria, caímos justo a mitad del movimiento Ni Una Menos, que es algo bastante considerable para esta situación.

-¿Cuándo entraron al Nacional de Buenos Aires?

-En 2012, era otro el panorama. Y recién cuando ya estábamos en cuarto año, que fue cuando se dio el primer Ni Una Menos,vivimos un punto de inflexión muy interesante. A partir de eso empezamos a educarnos, en materia feminista muchísimo más, porque éramos bastante chicas. Empezamos a replantearnos las cosas a partir de ahí.

-¿A los 16 años?

-Si.

-¿Qué cosas empezaron a replantearse y qué cosas empezaron a ver que venían pasando y las tenían de alguna manera naturalizadas?

-Los destratos o tratos distintos de algunos profesores. Nosotras ya entramos al Colegio sabiendo cuáles eran los profesores con los que no convenía meterse o cuáles eran con los que íbamos a tener problemas por el sólo hecho de ser mujeres, que es algo que se da mucho.

-¿Eso ya se venía hablando?

-Desde que entrás al curso de ingreso te lo dicen, entonces ya lo tenés naturalizado. Y la cosa es empezar a desnaturalizarlo, cuando comenzamos a plantearnos qué cosas no son normales aunque la gente las acepte.

-¿Y cuándo fue el momento en el que decidieron denunciarlo?

-No fue una decisión a la que le entramos de lleno. Lo que nos pasó es que, un año y medio después de egresar, cuando se hizo la entrega de diplomas de nuestra camada, nos invitaron a la entrega. Con un grupo de amigas, ya habiendo tomado distancia por haber salido del Colegio, empezamos a pensar qué cosas aceptábamos en ese momento y qué cosas realmente no estaban bien de esas que dejamos pasar porque sabíamos que no había nada por hacer o porque estábamos adentro y nos iba a terminar perjudicando.
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-¿Sintieron que era más fácil ya habiendo egresado?

-Obviamente es muchísimo más fácil con las cosas en frío. Ya con todo eso digerido, más educadas en feminismo. Pensamos "qué pocas ganas tenemos de volver, ponernos unos tacos y un vestido, sonreírle a la gente, cuando en realidad pasamos situaciones no tan amenas en ese colegio". Empezamos pensando en hacer una frase en un cartel, después en hacer una bandera, luego una remera, y al final nos dimos cuenta que teníamos tanto para decir que una frase no lo resumía.

-¿Qué pasaba con los profesores, qué hacían con las alumnas mujeres?

-Lo que pasaba con todos los hombres con los que sabíamos que había un problema adentro del colegio siempre era muy parecido. Los más común era darte cuenta que tomaban de punto a una alumna mujer o que simplemente menospreciaban o subestimaban a las mujeres, tanto en las clases como en el ámbito de las pruebas, haciendo comentarios…

-¿Qué tipos de comentarios?

-En los colegios los programas escolares no suelen tener bibliografía escrita por mujeres, es muy raro, y bibliografía feminista menos que menos. Entonces cuando las bibliografías eran escritas por mujeres, en general se las ponía en duda, se las tomaban más con pinzas.

-¿Y en qué otras actitudes se daban cuenta?

-Había profesores que sabíamos que si mostrabas más o menos tu cuerpo tenías más o menos chances de que te subieran la nota. Son cosas que se sabían y que nos advertíamos por generaciones. Las pibas más grandes que ya habían tenido esos profesores venían y te decían: "Mirá que este profesor tal cosa", pero como ya te lo advertían lo naturalizabas. Y decías "bueno, mejor me mantengo al margen y ya está".

-¿Y lo hablaban entre ustedes?

-Nos pasaba que si tenías una situación particular con algún preceptor, algún tutor o algún profesor y te sentías mal, a veces no sabías por qué te sentías mal. Y poder hablar entre nosotras nos hizo tomar mucho valor, nos hizo darnos cuenta de que queríamos decir estas cosas y que no queríamos dar más margen de aceptación.

-En el discurso que dieron el otro día mencionaron casos puntuales desde cuando entraron hasta casos como el de la persona que estaba en la puerta del Colegio, un preceptor que ofrecía servicios de masajes

-Sí, para nada exageramos en el discurso, todo lo que dijimos le ha pasado a más de una compañera. También nosotras elegimos contar casos particulares para que resuene y para hacer entender que nuestro reclamo está muy cerca y es urgente.

-¿Esas personas siguen estando en el colegio?

-Hace unos días Gustavo Zorzoli sacó un comunicado de tres líneas, no especifica nada, pero cuenta que a partir de ahora parece que algunas de las personas mencionadas en la carta pidieron su traslado a otra dependencia de la Universidad Nacional de Buenos Aires (UBA), con el fin de facilitar las investigaciones en curso.

-Recordemos los nombres de las personas y qué cargos tenían.

-Por una cuestión legal estamos tratando de alejarnos un poco. Más allá de la denuncia pública que nosotras ya hicimos, estamos tratando de no regodearnos en eso por una cuestión de que queremos hacer hincapié que la fuerza del reclamo está en una serie de exigencias que dijimos al final del discurso, y que también repartimos en unos folletos a la salida de la ceremonia. Exigencias que son a futuro para que la UBA las tenga en cuenta y para que todos los colegios las tengan en cuenta, no sólo con estas personas.

-¿Qué esperarían que suceda con esas personas?

-No se trata sólo de alejar a estas personas puntuales de su cargo, y hacer de cuenta que acá no pasó nada. Se trata de no aceptar más estas cuestiones porque estas personas, como tantas otras que nosotras no nombramos en el discurso, día a día y desde hace muchísimos años hacen estas cosas. En el ámbito educativo se las tolera por burocracia, porque está naturalizado o por relaciones de poder.

-¿Qué pasaba con los compañeros varones? ¿Veían esto, se hacían eco, se solidarizaban con ustedes o eran indiferentes?

-Nuestros compañeros varones naturalizaban al igual que nosotras en ese momento las situaciones. Lo que pasa es que nuestros compañeros, teniendo la edad que tienen y siendo el momento histórico que es, también están en un proceso de deconstrucción. Por eso nuestro principal objetivo en el discurso no era atacarlos puntualmente a ellos, sino al sistema de la institución que se tiene que hacer cargo. Todes les estudiantes entramos siendo niños y salimos siendo casi adultos, entonces en el medio tenemos toda esa información.

-¿A qué información te referís?

-A la información que tenemos cuando desarrollamos nuestra sexualidad, cuando aprendemos de política, cuando crecemos para manejarnos en sociedad, nos desarrollamos individual y grupalmente, entonces toda esa formación tiene que estar en manos de gente responsable y que sepa cómo hacerse cargo de esa educación.

-Claro, porque se supone que son ellos los responsables de guiarlos.

-Si hay un mensaje de perpetuar y perdonar estas actitudes, y quienes están a cargo de educarnos hacen estas cosas, ese es el ejemplo que están dando, eso es lo que les están enseñando a nuestros compañeros. Si los responsables de guiarnos hacen estas cosas no hay nadie que les diga a nuestros compañeros que ellos tampoco pueden hacerlas, eso que está mal es lo que les enseñan.

-¿No los responsabilizas a tus compañeros pero de alguna manera eran cómplices de lo que les pasaba?

-Todos éramos cómplices, incluso nosotras porque también comentábamos: "Esto es re grave, la estamos pasando mal", y a veces no tomábamos acciones porque no podíamos. Tanto nosotras como nuestros compañeros varones estábamos en ese lugar en una situación de subordinades.

-¿Y pensaban en denunciarlos con otras autoridades?

-Las personas con las que teníamos que denunciar y con las que teníamos que alzar la voz para marcar estas injusticias, eran las personas que perpetuaban estas injusticias con nosotres. Entonces era complicado también. Para ellos y para nosotras.

-Más allá de lo que ustedes dijeron y visibilizaron, ¿sentís que las nuevas camadas ya entran con una toma de conciencia?

-Hay muchísima más conciencia, las camadas de ahora sorprenden realmente a un gran nivel, hasta yo me siento un dinosaurio. Y si bien es enorme y es un paso gigante hacia la cuestión de parar esta naturalización, no quita que no suceda en este momento en otra institución, porque no sólo pasa en el Nacional Buenos Aires.

-¿Creés que las nuevas camadas ahora se sientan más seguras de denunciar?

-No existe un espacio bueno, genuino y cómodo para que les estudiantes puedan ir, denunciar y sentirse segures. No hay un espacio real hoy en día, a pesar de que les estudiantes tengan más conciencia de estas cosas. No hay tolerancia por parte de les estudiantes a estas actitudes, pero siguen estando en una situación de subordinades, y a pesar de que saben que estas cosas están mal, no hay mucho que hacer.

-¿Y había diferencias en las calificaciones también por ser mujer?

-En casos particulares con profesores sí, obviamente no con todos. Entre los profesores también hay gente muy noble.

-¿Y qué pasaba con las mujeres profesoras?

-Tengo un recuerdo muy particular de profesoras que nos hacían intentar entrar en sintonía contra el machismo, por contraste. O sea con contenido literario, con poemas, con canciones, a veces muy viejas pero intentaban educarnos en esto.

-¿Las profesoras les dijeron algo después del discurso?

-Pasó algo muy interesante con las docentes mujeres porque nadie sabía que íbamos a hacer esto. Luego del discurso, cuando bajamos del escenario, se nos acercaron muchísimas profesoras demostrando empatía con la situación. Nosotras después lo hablamos y pensamos: "Claro, este mismo sistema que nosotras estamos denunciando y que nos violenta como alumnas, también las violenta a ellas como profesoras, porque estamos hablando de sus colegas y de sus jefes".

-Y deben ser víctimas al igual que el resto de los estudiantes aunque en otro rol.

-Es muy probable. En el ámbito de trabajo, no tanto en esa relación estudiante educador, pero sí.

-¿Sienten que es viejo, antiguo y que está fuera de tiempo el contenido educativo?

-Exactamente, de hecho una de las exigencias que están en el discurso es una revisión de los programas para que se adapten a los tiempos que corren y que incluyan bibliografía feminista. Realmente la educación que nosotros tenemos en términos políticos, en feminismo, en política en general, es muchísimo más autodidacta que por parte del colegio. Todos los colegios para abrirte la cabeza te enseñan el pensamiento crítico pero no te enseñan puntualmente el feminismo.
El Colegio Nacional de Buenos Aires
El Colegio Nacional de Buenos Aires

-¿Cómo era la contención en las familias respecto de esto que les pasaba todos los días durante muchos años en el Colegio?

-Dependía el momento y el caso. En mi caso puntual, lo estuvimos hablando con compañeras y en eso creo que estamos todas de acuerdo, pasaba que incluso nosotras naturalizábamos las situaciones. Como que un profesor se dirigiera a vos de forma muy agresiva, y que notaras que eso no lo hacía con tus compañeros. Era algo que te parecía normal y en algún punto pasaba porque ya te lo habían advertido. Entonces decías "bueno, esto es así, no hay nada que se pueda hacer". Lo mismo por parte de las autoridades como les tutores, entonces te decían: "Esperá, aguantátelo que ya termina el año y no te vas a tener que cruzar más con esta persona".

-¿Entonces en sus casas tampoco lo contaban?

-Muchas veces no lo comentábamos en nuestras casas porque era darse rosca con una situación. Y también muchas veces cuando lo comentábamos había una naturalización por parte de las madres y los padres. Recién ahora esto está empezando a cambiar, y recién ahora podemos verlo con distancia y decir: "Esto es grave". Y sino, solían decirte algo como "¡Qué barbaridad!", esperando una instancia posterior en la que el colegio se iba a hacer cargo para no llegar a mayores.

-¿Qué fue lo que consideran como lo peor que les pasó?

-Lo más grave es esta cuestión es que estamos hablando de personas que creen que su modus operandi está bien, que es correcto, personas que creen que la mujer es más débil y que está en una posición de inferioridad per se. Entonces lo que pasaba es que sistemáticamente ciertos profesores tenían problemas con alumnas y los tenían todos los años. Por eso también muchas veces a los tutores en el Departamento de Orientación Estudiantil les tocaba pelearse siempre con los mismos profesores, porque siempre eran los mismos los del los "problemas".

-¿Para vos qué es lo más grave?

-Lo más grave para mí, es esto de entrar y saber que iba a pasar todo esto y naturalizarlo, y pensar esto es "así" porque esta persona es "así". Ahora todo eso se está cayendo y las generaciones nuevas ya no aceptan estas cosas. Y esperemos que después de este reclamo lo acepten aún menos. Pero pasaba mucho esto de pensar en que te va a tocar "ese" profesor y que si tenés problemas con la materia te ponés una minifalda y por ahí te sube la nota.

-¿Y eso no les llamaba la atención?

-No nos llamaba la atención bajo ningún aspecto y era muy grave porque si nosotras entre les estudiantes lo sabíamos, era obvio que las autoridades también lo sabían, y que no estaban haciendo nada al respecto.
“Somos conscientes de que nuestro reclamo es un reclamo con el que la mayor parte de la sociedad empatiza… y no solo las mujeres, los hombres también”
“Somos conscientes de que nuestro reclamo es un reclamo con el que la mayor parte de la sociedad empatiza… y no solo las mujeres, los hombres también”

-¿Tuvieron alguna reacción negativa después de lo que pasó?

-Hemos tenido pocas reacciones negativas que van alrededor de la cuestión de la denuncia formal, como "si no hay denuncia penal yo no les creo". Y también hay mucha gente que cuestiona el método, esto del escrache, pero lo que yo creo es que no están teniendo en cuenta el hecho de que estamos hablando de que la mayoría de las personas que lo sufren son menores de edad, y el espacio que estos menores de edad tienen para denunciar estas injusticias muchas veces es con las personas que perpetúan estas injusticias, y la víctima va haciendo lo que puede No es cuestión de poner el eje en el cómo, sino en el qué está pasando y en que están denunciando.

-¿Están asustadas? ¿Tienen miedo?

-No, porque somos conscientes de que nuestro reclamo es un reclamo con el que la mayor parte de la sociedad empatiza… y no solo las mujeres, los hombres también. Nuestro reclamo es muy representativo y también es un poco de lo muchísimo que hay que empezar a cambiar. Hay profesores que tienen problemas con hombres, aunque sean los menos. Hay compañeros que nos cuentan que estaban al lado de su compañera cuando sufrían esa situación y no podían hacer nada, les daba impotencia. Y los adultos también empatizan, porque sienten que sus hijos están en un lugar desprotegidos.
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Domingo, Octubre 21, 2018
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