Se espera que el anuncio del nuevo acuerdo con el FMI en Nueva York sea con la asistencia de Macri.

Macri inauguró este miércoles una obra en Salta junto al gobernador Urtubey. El Presidente se prepara para un viaje clave a Nueva York con foco en la economía.

El hecho objetivo: el dólar no se dio por muy enterado del nuevo “supermartes” de las Lebac. El miércoles ofreció un respiro. La cotización por la alquimia financiera de Dujovne y Caputo y también por los rumores de concretos avances en la renegociación con el Fondo. Léase: más fondos frescos, de esos que desde abril niegan los mercados. El ingreso de 930 millones de dólares para comprar las nuevas Letras emitidas fue señalada como un síntoma de reversión de la tendencia.

Sin embargo, en la Argentina el que se quema con leche, ve una vaca y llora. Por lo tanto nunca nada está seguro con el dólar, pero el desarme en marcha de la bola de las Lebac objetivamente pasó otra prueba de fuego. Digamos, de paso, que los pronósticos pesimistas que durante largos meses precedieron a las renovaciones de esos títulos del Central estuvieron ahora bastante atenuados.

Obligado por el abrupto retiro de la inversión privada externa, el Gobierno hace esfuerzos por financiarse más en pesos, con un inevitable alto costo en tasas. Bien podría decirse que hubo un gran descuido con ese esquema financiero y alentó pronósticos de bonanza continuada que se estrellaron contra la realidad.

Ese optimismo mudó en pesimismo continuo a fines de abril, cuando comenzó el desconcierto oficial. De pronto se descubrió el impacto de la gran sequía. Y de la política de Trump con su aspiradora de dólares. Y se pasó de la reelección casi segura de Macri a la gran duda con Cristina, que se veía -y se ve- como espejo de Lula en todos los sentidos.

Cuando la confianza cayó al suelo, el Gobierno recurrió al FMI. Tampoco sirvió: volvió a negociar en medio de la escalada del dólar. Hay que decir, también, que si los pronósticos optimistas del oficialismo se derrumbaron, no estuvieron solos en el yerro.

Wall Street y los bancos también fueron optimistas: daban un crecimiento del 3 % para este año, una inflación del 17% y un dólar para diciembre próximo de entre 20 y 25 pesos. La pifiaron feo.

Ahora la promesa es déficit cero, así está asentado en el proyecto de Presupuesto con números que hoy parecen de fantasía. Sólo un ejemplo: el dólar se mantendría en 2019 en un valor casi similar al actual.

¿Alguien puede creerlo con una inflación del 23 por ciento en los papeles?

En el déficit cero coinciden todos salvo que el que tiene que hacerlo es Macri fundamentalmente.

Si el Presupuesto finalmente alumbra -así lo prometen- y la nueva ayuda del Fondo Monetario se cierra pronto, habrá más elementos para sostener que lo peor de la crisis financiera ha pasado. Macri viaja a Nueva York para hablar en la Asamblea de las Naciones Unidas pero su objetivo es económico, con una agenda enderezada a tratar de explicar allí que el ojo del huracán a pasado. Cuenta con el respaldo de la administración Trump, sin dudas, condición necesaria para que el oxígeno financiero llegue a estas tierras. Pero que sea necesaria no quiere decir que sea suficiente: hay abundantes antecedentes.

Por otra parte, si se calma el costado financiero lo que seguirá siendo crítica será la situación de la economía real. Su efecto recesivo todavía no ha encontrado piso y la inercia de la inflación sigue su rumbo.

Serán tiempos en los que mandará la política porque se viene encima el año electoral en el que los protagonistas Macri y Cristina tendrán un papel estelar.
CLARIN


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