Batalló contra la peste en Europa y juntó a los 27 países de la díficil Europa para salir de otra peste: la económica .


Ricardo Roa

En octubre de 2018, Angela Merkel anunció que daría los primeros pasos para dejar la política. Renunciaba a la jefatura de su partido Unión Demócrata Cristiana y no iba a presentarse en 2021 para ser reelecta como canciller cuando terminase su cuarto mandato. Dijo: “Siempre quise ejercer los cargos con dignidad y también dejarlos con dignidad”.

 

Este último semestre como jefa del gobierno alemán le ha tocado asumir la presidencia rotativa de la Unión Europea. Y con la batuta de Merkel, que no necesita hacerse ver, los 27 países de la Comunidad consiguieron ponerse de acuerdo en cuánto dinero pondrán para salir de la peste y cómo lo repartirán.

Lo que harán: un presupuesto hasta 2027. ¿Y de cuánta plata hablamos? De unos 857. 000 millones de dólares en préstamos y subvenciones a los países más afectados por el virus. Llevó semanas de discusiones y cuatro días y noches de tensa negociación final: la cumbre más larga de la Unión Europea terminó a las cinco de la mañana. Hubo choques ásperos de Merkel con Holanda, Austria y Dinamarca y mucha muñeca con Hungría y Polonia que rechazaban condicionar la ayuda al cumplimiento de los derechos humanos. El español Pedro Sánchez, socialista y en las antípodas ideológicas de Merkel, lo reconoció: “Se ha escrito una de las páginas más brillantes de la historia europea” .

No fue fácil, aún no lo será, organizar la recaudación de fondos y el reparto. El norte de Europa desconfía del sur de Europa, de su apego al necesario esfuerzo para la recuperación de todos. Y el acuerdo de cúpulas debe ser validado por el Parlamento Europeo. ¿Qué fue lo que hizo entender Merkel? Que sin ayuda mutua todos perdían porque todos dependen del mismo mercado y saben que sin este plan el desquicio estaba a las puertas.

La peste mostrará, para los que quieran verlo, la calidad de los políticos que la enfrentaron. No se trata de mirar para atrás sino para adelante: lo que se viene es una peste económica que no sabemos qué virus tendrá. El covid-19 saltó y mató en la Europa que venía soportando los desplantes de Trump, el expansionismo de Putin, las intrigas de China y el Brexit. Ahí surgió Merkel que no aspiró a eternidades en los sillones de mando sino que sentada en ellos, mandó y consiguió aliados imprescindibles, como el francés Macron.

Está ese famoso poema de Borges, Los conjurados, que dice que en el centro de Europa están conspirando, hecho que data en 1291. Hombres de diversas estirpes, religiones e idiomas “han tomado la extraña resolución de ser razonables”. Aunque lo que pasará después del virus está por verse, tal vez Borges podría cambiar la fecha y alguno que otro detalle de su poema. Ya no es Suiza. Es Europa conjurada.

Europa se está refundando. Ha dado un paso adelante haciendo de necesidad virtud. La están refundando liderazgos sin estridencias porque los discursos de autoelogio repetidos no son ideas. La explicación de lo inexplicable es retórica. Mejor no preguntarnos por casa cómo andamos. Ya sabemos cómo andamos.
CLARIN


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