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En 1992, se convirtió en el primer país con matrimonio igualitario, pero hoy persiguen a gays y lesbianas tal como hizo Stalin en la década del treinta. ¿Cuántos gays fueron al gulag?, ¿por qué nada cambió desde la despenalización en 1993?

Por Diego Rojas

¿Y quién iba a pensar que el país que fue objeto de discusiones sobre la persecución a las minorías sexuales luego de un spot televisivo sobre el Mundial era el que convalidó el primer matrimonio igualitario de todo el mundo en la era contemporánea? Pues así fue.

Rusia, el país donde hoy se persigue a los homosexuales y lesbianas, en 1922, luego de la revolución bolchevique de octubre, realizada en 1917, legalizó la unión entre Evgeniia Fedorovna M. y "S.", tal como hace constar el psiquiatra A. O. Edelshtein en 1927. El episodio, recopilado en el libro Homosexualidad y revolución, que acaba de publicar la editorial Final Abierto, cuenta que Egveniia era una agente de la GPU (policía secreta soviética) especializada en "redadas y requisas contra monasterios" y que así llegó a una ciudad de provincias, se enamoró de "S." y, con unos documentos falsos a nombre de un tal Egveni Fedorovich, "finalmente consumaron matrimonio que fue oficialmente registrado, gracias a que Egveniia presentó su documento de identidad alterado". Convivieron. Pero los vecinos son así: les gusta el chisme y alguno pensó: "Este Egveni me parece un poco una mujer" e hizo la denuncia correspondiente.

"Crímenes contra la naturaleza" era la causa por la que se juzgaba el amor entre esas dos personas. El Código Penal anterior a la Revolución había sido completamente anulado y la ley flotaba entre usos y costumbres y la perspectiva de una sociedad nueva. El Comisariado de Justicia dictaminó que el matrimonio entre Egveniia y "S." era "legal porque fue consumado mediante consentimiento mutuo". Así, eso que se logró en la Argentina del 2010 y que sigue siendo tabú en la mayor parte del mundo, se logró en Rusia allá por el año 1922, hace tanto tiempo.

El libro de Dan Healey, publicado originalmente en Gran Bretaña en 2001 y que ya es un clásico en los estudios sobre la cuestión LGBT, acaba de ser traducido al español y sus quinientas páginas son material obligatorio de consulta para quien esté interesado en el tema.

El texto recorre la homosexualidad durante el zarismo, luego de la toma del poder por los bolcheviques (cuando fue despenalizada, aunque eso tampoco supusiera la aceptación social de esa orientación sexual en el sector que la practicaba, amaba y sentía) y la regresión stalinista, cuando se incluyó entre los infames Juicios de Moscú a sujetos que debieron confesar el crimen de haber amado mediante ese "amor que no osa a decir su nombre", como lo definía el irlandés Oscar Wilde, que había sido condenado a la cárcel en Inglaterra por su derrotero sexual "invertido".

Hoy ese drama continúa intacto, con campos de concentración de gays en Chechenia y manifestaciones de odio a gays y lesbianas en las ciudades rusas. Y recomendaciones para el Mundial: "No tome bebidas alcohólicas en la calle y no demuestre reacciones afectivas ante su pareja, si es gay", según un informe del sitio Vice. Un video muestra cómo unos chicos que salen de la mano por la calle en Moscú son hostigados permanentemente.

¿Pero fue siempre así? Las prácticas homosexuales en la modernidad tuvieron un carácter clandestino, con lugares de levante específicos, prostitución pero también amor y relaciones duraderas. San Petersburgo, que era la ciudad más europeizada de toda la gran Rusia, tenía sus circuitos y -cuando la homosexualidad fue patologizada a partir de la segunda mitad del siglo XIX- sus condenas.

Sin embargo, en 1903, influidos por las olas reformistas que provenían de la Europa occidental, se llamó a una serie de notables juristas e intelectuaes para tomar en sus manos la reforma del código penal, que en ese momento condenaba la sodomía. Uno de sus integrantes y más férreos opositores a este signo de atraso y estigmatización era Vladimir Nabokov, luego conocido como un escritor que dio fruto a una de las obras más fructíferas del siglo veinte. El anteproyecto de reforma del Código Penal zarista de 1903 planteaba la despenalización de la "sodomía" y señalaba como delito si un hombre tenía relaciones con un menor de menos de "entre catorce y quince años", ya que Nabokov argumentaba que a esa edad un sujeto podía haber adquirido prácticas que lo alejaban de la niñez y lo asemejaban a un adulto. Una lectura malintencionada podría señalar en esa figura a los futuros "lolitos". De cualquier manera, ese "anteproyecto no fue aprobado".

Como en todo el mundo, todas las ciudades y pueblos del orbe, un sector de la sociedad realizaba prácticas sexuales que estaban orientadas por un deseo disidente al de la heteronormatividad. En Alemania, el estudioso alemán Magnus Hirschfeld había creado el Comité Científico Humanitario en 1897, donde bregó por una postura sobre la homosexualidad que no incluyera el deseo en el campo criminal.

Su postura sobre un "tercer sexo" fue irradiada a los centros intelectuales de todo el viejo mundo, entre los cuales se encontraba San Petersburgo. Allí se produjo la revolución de febrero que acabó con el reinado de la dinastía Romanov en febrero de 1917. En octubre, los bolcheviques tomarían el poder y crearían un gobierno de coalición con los eseristas (socialistas revolucionarios). A esta fracción eserista le correspondería, en tiempos revolucionarios, reorganizar el sistema de leyes que había regido el régimen burgués. Se dispuso entonces la despenalización de la "sodomía" y, basados en el anteproyecto de 1903, se dispuso que las relaciones entre hombres podían ser consentidas hasta los catorce años.

Había toda una discusión. En el movimiento socialista revolucionario existían dos vertientes, una expresada por Alexandra Kolontai, la gran dirigente bolchevique que había escrito Memorias de una mujer autoenmancipada, que estaba en consonancia con el movimiento de la mujer que propugnaban Clara Zetkin y Rosa Luxemburgo, y que planteaba la liberación del deseo y las relaciones personales. Esta sería considerada el ala liberal o utópica.

La que impulsaba Vladimir Lenin planteaba una racionalidad para el uso de las relaciones sexuales. En su famosa carta a la comunista francesa Inessa Armand, que era su amante, Lenin ponía en duda las posibilidades del amor libre en lugar de una planificación racionalista de las relaciones personales.

Todo estaba en duda.

En ese marco, se despenalizó la "sodomía", se otorgó el primer matrimonio entre dos mujeres -el primer matrimonio igualitario-, se legalizó el aborto. Un tribunal popular le otorgó a una travesti la posibilidad de vestir su vestimenta femenina, cambiar su nombre en su pasaporte y la eximió del servicio militar. Los Konmossol, las juventudes comunistas, se preguntaban y experimentaban cómo el sexo influían en el desarrollo de sus personalidades.

Sin embargo, esto no implica que la revolución bolchevique hubiera liberado la posibilidad de las relaciones entre personas del mismo sexo, sino que más bien eran toleradas. Existía toda una discusión biomédica sobre las razones de tal "disfunción" y había una proliferación de posturas. Incluso, respecto a las naciones más alejadas del centro europeo ruso, los bachi, que conformaban una construcción cultural de adolescentes afeminados que desarrollaban ciertas artes y que a la vez podían ser prostituidos, eran considerados como vestigios primitivos por el poder soviético central. En las regiones del Turkestan donde estas prácticas se desarrollaban no parecía haber llegado el código inspirado en aquel de 1903, tutelado por Nabokov.

Pero en ese flujo de ideas, el comisariado del pueblo decidía que Egveniaa estaba bien casada con su mujer, aunque ambas fueran del mismo sexo, y que al paciente K. se le permitieran usar ropas femeninas y cambiar su nombre en el pasaporte.

Luego el retroceso estalinista llegó. Se calcula, según el libro de Healey, que más de 250 mil homosexuales fueron encarcelados. La mujer soviética sería considerada como tal si era madre. Se prohibió el aborto legal instituido en 1921. Más allá de la equivocación trágica e histórica respecto a la actuación del Partido Comunista alemán, existía otro ingrediente: la homofobia como señalamiento político. Los nazis destruyeron las instalaciones del instituto de Magnus Hercshfeld, a la vez que sus instituciones eran acusadas de formar relaciones homoeróticas, y eran condenados por comunistas de la República de Weimar. Lo mismo decían los comunistas acerca de los fascistas, por los escándalos que arreciaban entre los grupos nacionalsocialistas.

Un periodista comunista inglés envió un cuestionario a Josep Stalin, luego del giro que supuso la restitución de las leyes que condenaban la sodomía. "¿Puede ser un comunista un homosexual?", decía el periodista Harry White. Stalin no respondió. Su jefe de los servicios de inteligencia Yagoda le había informado de redadas de 130 hombres en sitios de intercambio sexual indecente. Stalin le pidió un favor a Máximo Gorki, que en ese entonces accedía a todo pedido del poder estatal soviético. El 23 de mayo de 1934 Gorki publicó una invectiva titulada: "Humanismo proletario" en la que decía: "…entre los centenares de hechos que denuncian la influencia desmoralizante del fascismo, la homosexualidad adquiere uno de sus rasgos más repugnantes". En ese artículo, Gorki -el autor de La madre– diría: "Destruyamos a los homosexuales y el fascismo desaparecerá". Un intelectual que había apoyado la revolución obrera llamaba al exterminio.

Quizás sería el pie para la posterior acción penalizadora contra los homosexuales, y las lesbianas en menor medida (ya que debían formar parte de la mano de obra industrial y en el ejército). Dos cientos cincuenta mil presos por osar a actuar ese amor que no osa a decir su nombre, o no lo osaba. En 1993, Boris Yelstin, luego de la caída de la URSS y mientras grupos LGTB se organizaban, despenalizó la sodomía. Pero una ley no implica un cambio si no existen políticas para que su influencia sea real.

Hoy por hoy, como muestra el video del principio de esta nota, no se puede ir tomado de la mano si las dos manos son masculinas. Por eso se recomienda discreción a los gays o lesbianas que van a ver el Mundial.

El libro de Healey es imprescindible para comprender cómo de la primera nación con matrimonio igualitario se llegó a la represión de dos chicos que caminan de la mano con violencia. Probablemente la principal causa sea el declive estalinista de la revolución de Octubre, en 1917. Lo cierto es que hoy ser gay en la Federación Rusa es un peligro, es un riesgo. Algo que no debería suceder en 2018.
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Domingo, Octubre 21, 2018
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