Olivia Colman, la empleada de limpieza que soñaba a lo grande y hoy es la reina de The Crown

IDENTIDAD CORRENTINA

Interesante historia de vida tiene esta actriz británica que le escapa al glamour.

Es la antidiva. Dueña de un enorme talento, la quieren todos los productores. Cuando conoció el palacio, se llevó un trozo de papel higiénico de recuerdo.

Aunque Olivia Colman brilla en la composición de Isabel II en The Crown, su perfil no puede estar más lejos de los brillos de la monarquía. Es la antidiva: no le importa su aspecto, no se esfuerza en disimular sus 46 años, no atiende a las redes sociales. Según sus colegas, es una de las mejores compañeras que se pueda tener.

Gran parte del mundo se enteró de su existencia el domingo 24 de febrero de 2019. Esa noche, ganó el Oscar por interpretar a Ana de Gran Bretaña en La favorita, de Yorgos Lanthimos. Y conmovió al auditorio de estrellas de Hollywood con su discurso de agradecimiento: “Solía trabajar limpiando y soñaba con este momento imposible”.

Se refería a sus primeros años universitarios en Cambridge, cuando estaba estudiando para ser profesora y se dio cuenta de que su pasión era algo que había probado cuando tenía 16 años: la actuación. Así que abandonó la carrera y volvió a aquel primer amor.

“No fui muy buena en nada hasta que llegué ahí”, dice siempre sobre sus comienzos en talleres de teatro. Se ganaba la vida como empleada de limpieza mientras actuaba en obras de teatro amateur, se presentaba a castings y se perfeccionaba en cursos de actuación. Así conoció a David Mitchell y Robert Webb, actores y guionistas que formarían el reconocido dúo Mitchell y Webb, una institución en la comedia británica.

Ellos le dieron su primera oportunidad como profesional. El debut de Colman fue en el año 2000, a los 26, en una comedia de la BBC, Bruiser, la primera de una larga lista de series británicas en las que trabajó. Por su larga trayectoria en televisión, ya era considerada un tesoro nacional en Gran Bretaña antes de que todo el mundo apreciara su talento.

En Fleabag fue una madrastra absurdamente tóxica. En Run, una madre pobre de ciudad. En Broadchurch fue Ellie Miller, una oficial de policía, muchas veces sensible, otras veces irritable, y deliberadamente desaliñada. Por ese papel ganó uno de sus tres premios BAFTA (los que entrega la Academia Británica de las Artes Cinematográficas y de la Televisión).

Se ganó un lugar en la pantalla grande en base a prepotencia de trabajo. Tenía “tantas ganas de cine” que hasta hizo de peluquera de Michelle Pfeiffer en la olvidable El novio de mi madre, de 2007. Y ésa era la clase de papeles secundarios que hacía, hasta que en 2011 llamó la atención por Tiranosaurio, de Paddy Considine, donde interpreta a una mujer golpeada por su marido.

Ahí demostró que además de la sólida comediante que se había visto en The Peep Show, Beautiful People y That Mitchell and Webb Look, entre muchas otras ficciones, podía ser una convincente actriz dramática. Ese mismo año se la vio junto a Meryl Streep en La dama de hierro, interpretando a la hija de Margaret Thatcher.

En vez de buscar grandes producciones hollywoodenses, decidió seguir en el mundo de las series británicas. Pero su talento no mantendría un perfil bajo, ya que en 2012 obtuvo otros dos premios BAFTA, por la comedia Twenty Twelve y el drama policial Acussed, ambos de BBC.

El director griego Yorgos Lanthimos puso sus ojos en ella y la convocó para La langosta (2015), una comedia dramática fantástica sobre un hotel al que son enviados los solteros. Allí, deben encontrar pareja en un plazo determinado. Si no, son convertidos en animales.

De la mano de Lanthimos le llegó el personaje que le daría el Oscar en La favorita (2018). Para el rol de la Reina Ana, donde muchas veces se la muestra en escenas poco favorecedoras, debió aumentar quince kilos. “Prefiero estos papeles, porque no hay ninguna presión para ser algo que uno no es, y obviamente yo no soy glamorosa”, decía.

“Soy más una persona de jeans y sweater con algo volcado encima. Para Anne yo no tenía que verme bien o ser buena, fue algo liberador y genial. Me da más pudor tratar de verme bien. Creo que tuve la suerte de conseguir estos papeles”.

El premio la convirtió en una de las actrices más cotizadas, algo a lo que ella no se acostumbra y no parece asumir. “Todavía tengo miedo de no tener trabajo”, aseguró poco después. Entre risas, comentó que tenía que sacar provecho de la situación antes de que todo “se fuera a la mierda”.

Sus colegas tratan de encontrar adjetivos suficientes para describir lo agradable que es, su amabilidad con todo el equipo en cada toma, su falta de divismo. Es sonriente, encantadora, se disculpa a menudo y resta importancia a sus talentos cada vez que puede. Después de muchos intentos tratando de describir cuánto adoraba a Colman, Emma Stone, una de sus coprotagonistas en La favorita, se resignó: “Podría decir que estoy enamorada de ella”.

No le gusta ser el centro de atención. “Odio la pérdida del anonimato”, dice. “Nadie te enseña cómo lidiar con esto. Ahora suelo quedarme en casa porque me resulta muy raro no estar en el mismo plano que el resto de la gente. Todos lo conocen a uno y uno no los conoce. No es que la gente no sea agradable, pero es más difícil de lo que cualquiera se imagina”.

Lejos del mundanal ruido, lo que más le gusta a Colman es pasar tiempo en su casa con su marido escritor, Ed Sinclair, su compañero desde hace dos décadas, y con sus tres hijos.

Colman tuvo protagónicos en series importantes, como The Night Manager, por la que ganó un Globo de Oro. Pero el llamado para participar de The Crown como Isabel II fue un shock. “Yo era muy fanática de la serie, y sentía que Claire Foy era extraordinaria. No sabía que iban a hacer otro casting para las temporadas 3 y 4, no había pensado para nada en el papel”, contó.

Es la tercera reina de Inglaterra que Colman interpreta. Además de Ana en La favorita, primero había sido la Reina Isabel madre en la película Hyde Park on Hudson (2013).

Ahora es Isabel II, una reina madura, pendiente de sus hijos, por imperativo real y personal, que ve cómo el matrimonio de Carlos y Diana amenaza la estabilidad de la monarquía, a la vez que se pregunta si fue la madre que hubiera debido ser. “Me tranquiliza pensar que ella no ve la serie ni la verá”, explica a menudo.

Pero la Casa Real no parece haberse enojado con ella por su actuación. Nadie la llamó para que devuelva el título honorífico de Commander of the Order of the British Empire (CBE) que recibió en 2019 y que ella aceptó pese a definirse “de izquierda” ideológicamente . “La primera vez que nos invitaron al palacio me llevé un trozo de papel higiénico como recuerdo”, contó alguna vez.

Distante y cercana por igual, extraña y humana a la vez, la Isabel II de Colman en las temporadas 3 y 4 de The Crown (como la de Claire Foy en las dos primeras temporadas de la serie de Netflix), logra atrapar al público hipnóticamente con un personaje aparentemente anodino, pero que finalmente termina demostrando los claroscuros de una mujer en su rango de poder.

Dan ganas de verla actuar durante horas. Y no faltará oportunidad. Sin ir más lejos, el 14 de enero, si todo sale bien y los cines reabren, la veremos mano a mano con Anthony Hopkins, en El padre, representando el papel de una cuidadora de ancianos.
CLARIN

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