Escucha en vivo

Jorge Fontevecchia le dedica unas sentidas palabras a Hermenegildo Sábat.


por Jorge Fontevecchia
Desde 2012, el tercer miércoles de cada mes nos reuníamos en la Academia Nacional de Periodismo con Hermenegildo Sábat. Ninguno de los dos faltaba nunca. Pero el tercer miércoles de agosto “Menchi”, como le decimos a Sábat los periodistas, no vino porque se operó de cataratas. Por ser una institución que se integra vitaliciamente, haciendo alusión a la edad de varios de sus miembros Claudio Escribano, quien presidió la Academia de Periodismo antes que Sábat, justificó con humor su ausencia diciendo:
“Todo académico termina siendo operado de cataratas algún día”.
Sábat volvió el tercer miércoles de septiembre, el último, y al llegar me llevó del brazo hacia uno de los panorámicos ventanales ideados por el arquitecto Clorindo Testa para la Biblioteca Nacional, donde en su último piso funciona la Academia de Periodismo, para decirme: “Leí el domingo tu reportaje póstumo a Julio (Blanck) varias veces, qué lúcido. Estoy muy triste porque éramos vecinos de escritorio. No sé cómo voy a hacer, lo extraño a Julio, fue mucho tiempo juntos, estoy muy triste”.
La muerte de Julio Blanck entristeció el ánimo de Sábat, quien decidió partir poco después Sábat era lector permanente del diario PERFIL, especialmente por los crucigramas, que a su juicio eran los mejores por estar realizados por los mismos profesionales de las revistas especializadas Jocker y Crucigrama que publica Editorial Perfil. Pero ese domingo 16 de septiembre el diario quedó más tiempo en las manos de Sábat porque releer las palabras de su compañero profesional de años era revivirlo, como si volviera a escucharlo a su lado.
El reportaje a Julio Blanck había sido realizado meses antes y se sumó a los de otros 34 conductores de las principales redacciones de la Argentina y sus columnistas más destacados, para el libro que acaba de llegar a librerías Periodismo y verdad. Conversaciones con los que mandan en los medios. Terminada la reunión en la Academia de Periodismo salimos caminando hacia la avenida Las Heras acompañando a Sábat junto a Miguel Wiñazki –quien lo llevó a la redacción de Clarín– y en la cuadra que caminamos hasta los autos Sábat volvió a mencionar el estado de tristeza en el que había caído por la muerte de Julio Blanck la semana anterior. Ya la exitosa operación de cataratas que le permitía ver mucho mejor de pocas semanas atrás había quedado en el siglo pasado del inconsciente emocional que, como decía Freud, es atemporal haciendo que lo de hace un minuto pueda ser eterno tanto como ser presente algo de la infancia. Huellas de oficina: tras el recuerdo de Blanck y Sábat en 40 fotos Al enterarme este martes de la muerte de Sábat sin que la causa fuera ninguna enfermedad más que el cansancio biológico de la edad, pensé en el cansancio emocional que le produjo perder a su compañero laboral. Como aquellos matrimonios que a poco de morir uno muere el otro por tristeza ante la falta.
En esta edición de PERFIL se publica el reportaje que le hizo Magdalena Ruiz Guiñazú a Hermenegildo Sábat hace ya tiempo (El Observador páginas 72 a 75), pero me pareció necesario sumar también este testimonio actual contándole al lector la tristeza de “Menchi” por la muerte de su compañero y mostrar en imágenes cómo ese escritorio vacío del amigo fallecido aún con la percha de madera con su nombre a mano (en Perfil.com se publican las fotos del interior de ambas oficinas con el testimonio también escrito del fotógrafo) debía reforzar la presencia de la ausencia.
En la puerta de la oficina de Julio Blanck sigue el cartel que dice “Ministerio de promoción de la virtud y prevención del vicio” y en la de Sábat su propia caricatura con sus tradicionales alitas. Además de un artista visual era un artista que sin palabras comentaba como Picasso en Guernica con la Guerra española
Recomiendo leer la despedida que Robert Cox le realizó en el Buenos Aires Times de PERFIL de los sábados (www.batimes.com.ar/news/opinion-and-analysis/menchi-the-incomparable-a-lesson-in-personal-integrity.phtml); quienes no leen inglés abriéndola con el navegador Crome pueden traducirla automáticamente.
Como dice Cox, Sábat además de periodista visual era un artista que comentaba sin necesidad de palabras, de la misma forma que Picasso hizo con el cuadro Guernica para comentar la Guerra Civil Española. Los periodistas que tuvimos la fortuna de compartir con él algún tramo de su vida guardamos las caricaturas que Sábat nos hacía sin darnos cuenta, en mi caso las dos que me hizo mientras debatíamos en la Academia de Periodismo. Es que no podía parar de dibujar. (Fuente www.perfil.com).

 

 

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