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Santiago Varela trabajó con el humorista durante las últimas seis temporadas de su clásico programa dominical. Con ironía, en el ciclo se hacía un repaso por los temas políticos de la semana que parecieran repetirse a lo largo de las décadas.


Por Agustina Larrea

"No sabía que era vidente", escribió en su cuenta de Twitter el guionista Santiago Varela. Es que, impactados por la increíble vigencia de sus palabras, varias personalidades de la política, del espectáculo y de la cultura compartieron en las redes sociales durante los últimos días uno de los clásicos monólogos del humorista Tato Bores que el libretista escribió a comienzos de los años '90.

"Nosotros, Tato, le pasamos el rastrillo al país, lo dejamos sin un mango, no queda un austral ni pa' remedios. No se emite, la gente no tiene guita para comprar dólares y el dólar baja", dice enfundado en su emblemático smoking Tato en el video que se viralizó, reconstruyendo un supuesto diálogo que había tenido con un ministro.

"Digo, espere, a ver si entendí bien. Ustedes con los impuestos, las tarifas, los tarifazos guadañan todo, la gente se queda sin guita, el dólar baja", siguió el humorista, acompañado de las clásicas risas de aquel memorable segmento televisivo.

"Pero ministro, escúcheme una cosa, la gente está más seca que galleta de campo. No es que no puede comprar dólares sino que no puede comprar morfi, no puede comprar remedios, no puede comprar pastillas, ni pilchas, ni peine ni peineta, ¡nada!", remata el cómico, mirando a cámara.

En diálogo con Infobae, Varela asegura que la gran repercusión de aquel texto que escribió hace más de dos décadas lo impactó en las últimas horas.

"Lo vi y me sorprendió. Hacía tiempo que no lo escuchaba. Me sorprendió porque apareció no solamente lo que dice de sacar la plata, de 'secar la plaza', como dicen, sino que me sorprendió también la referencia a la lluvia, a la tormenta. Y me sorprendió que no aparecieran responsables de estas cosas, que aquello haya sido una tormenta, culpa del agujero de ozono o qué sé yo", apunta.

Periodista, escritor y una de las célebres plumas de la revista Humor, Varela fue autor de los innumerables monólogos que Tato Bores hizo en las últimas seis temporadas de su programa de televisión. Un auténtico clásico de la televisión, que hasta la actualidad cosecha fanáticos por su notable vigencia.

Consultado sobre esta increíble coincidencia y la sensación de que algunos temas se hacen recurrentes en el país, Varela reflexiona: "No es que pareciera que hay cosas que nunca cambian. Sucede. Se cometen los mismos errores, a sabiendas. Porque ya hubo experiencias anteriores y así nos fue. Se repiten las cosas", afirma el guionista.
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"Pero el problema es que se repiten los errores. Sin embargo, creo que hoy hay una situación distinta, me parece a mí, comparado con aquella época. Porque creo que la gente está más alertada, las organizaciones sociales y demás, están más atentas, saben más, tienen más información, conocen más y hay una mayor organización también", sostiene.

-¿Cómo comenzó su trabajo como guionista de aquellos monólogos?
-Yo trabajaba en la revista Humor. Tato me llamó porque se había quedado sin guionista de los monólogos en el '87. Esa tarea era algo específico: el que hacía los monólogos no trabajaba en el resto del programa. El resto del programa lo hacían otros guionistas. Tato me llamó, me convocó y empecé a trabajar. Estaba (Raúl) Alfonsín e íbamos a salir en ATC en ese momento. Finalmente no se dio ahí y empezamos en el 88 en Canal 2. Yo estuve con él haciendo los monólogos las últimas seis temporadas que él hizo.

-¿Cómo era la dinámica del trabajo? ¿Cómo surgían los temas que iban a parar a los monólogos?
-La dinámica de trabajo en televisión es medio una máquina devoradora. No había mucho tiempo para nada con un programa semanal. La forma de hacer humor era hacer una caricatura. Por lo tanto, hacíamos caricaturas de las cosas que la gente ya sabía. O sea, no tocábamos temas de poca trascendencia, tocábamos los temas de mayor trascendencia. Y la gente los conocía. Yo entregaba el texto los lunes, él lo estudiaba de memoria de lunes a jueves y los viernes se grababa. Los domingos salía al aire. Los temas los elegía yo pero eran los temas que estaban en la tapa de los diarios. O sea que no es que fuera muy difícil elegirlos, estábamos de acuerdo los dos.

-¿Tato decía los textos tal como le llegaban?
-Sí. Él era actor, era muy respetuoso de todo. Respetaba al autor a rajatabla. Como él conocía bien su público, cuando había algo por ahí me llamaba por teléfono para preguntar: "¿Qué quisiste decir cuando pusiste esto?". Por ahí hacía algún tipo de comentario, pero menor. Él estaba de acuerdo obviamente.

-¿Tiene algún monólogo preferido o que recuerde con más cariño?
-Uno de los más conocidos y para los que más trabajé fue para el que se dio en llamar "El monólogo 2000". Ese es uno de los clásicos. Ahí hay un detalle muy interesante, que es el momento en el que él dice "esto lo dice mi guionista, yo no estoy tan de acuerdo". En realidad eso no fue así. Ese monólogo él lo tuvo con anterioridad, fue distinto a todos los semanales. Porque ese lo fui haciendo con mucho tiempo. Él lo que hace al decir eso es mencionarme, un gesto muy generoso, porque lo que hace es jerarquizarme. Tato era un tipo sumamente generoso.

-¿Qué tiene de especial ese monólogo, que fue tan popular?
-Bueno, ese es un lindo monólogo porque ahí se habla de economía, con el asunto de la quita de los ceros a los pesos y se habla un poco de la historia argentina reciente. Más adelante, cuando se hizo una exposición en honor a Tato en el Centro Cultural Recoleta, se imprimió ese monólogo en un gran afiche. Y me dijeron que en algunas escuelas se usaba para enseñar la historia reciente, como un texto de historia. A mí eso me sorprendió.

La forma de hacer humor de Tato era la de la caricatura. Él era un tipo muy generoso

-¿Cree que hoy podría haber una figura como la de Tato editorializando de alguna manera todos los domingos?
-No sé si hoy podría tener aire Tato. Porque el humor siempre es crítico, básicamente siempre se fija en hacer crítica. Entonces la verdad que como están organizados los medios ahora no sé si tendría lugar. Aparte ahora las formas están cambiando. Los monólogos se transformaron en stand-up, es otra manera de llegar. Se llega a través de las redes. En fin, ha cambiado bastante la forma de comunicarse. También es cierto que se ha multiplicado hoy en día el tema: si bien hay medios hegemónicos, también hay muchos medios alternativos. Hay una enormidad de medios, de portales, de páginas, eso ha cambiado mucho. Ahora tengo entendido que un rating de 12 o 13 puntos ya es un salto y en ese momento nos manejábamos arriba de 20 puntos.

PALABRAS INOXIDABLES
Sinónimo de humor político, a lo largo de sus cinco décadas de trabajo, Mauricio Borensztein, más conocido como Tato Bores, se destacó por ser el gran editorialista de la televisión argentina.

Con el foco siempre puesto en los temas recurrentes de la realidad nacional, en sus monólogos nunca faltaron ironías en referencia a temas como la situación económica, los discursos de las figuras políticas de los sucesivos gobiernos y el dólar.

"Pienso que todos, de golpe, nos hemos vuelto financistas –decía el humorista principios de los '60–. Fíjese que antes, cuando un tipo tenía unos ahorritos ponía un tallercito, abría una fabriquita, compraba un campito para criar gallinas o plantar tomates, esas cosas que hace la gente en los países pobres. En cambio acá es distinto. Usted va por la calle San Martín, adonde están las casas de cambio, y está todo el país parado frente a la pizarra. Hay obreros, albañiles, peones, sastres, músicos, artistas, de todo hay. Tipos que antes trabajaban como locos, ahora de repente se han vuelto economistas."

"Cada uno está parado con un paquetito de dinero, y en cuanto se mueve la cotización de la pizarra entran todos en patota. Y uno dice '¡Deme 3 dólares!', y el otro dice '¡Deme 4 dólares!', y el otro '¡Deme 8 dólares!'. Y salen corriendo y van a otra casa de cambio, y antes de que muevan la pizarra se meten y los venden. Y así se pasan todo el día: vendiendo y comprando, comprando y vendiendo. Cuando llega la noche, llegan a la casa molidos y deshechos, caen muertos arriba de un sillón, desempaquetan, cuentan la guita, llaman a la mujer y le dicen: 'Vieja, vieja, vení, hoy me gané 14 mangos ¡y no hice nada!'", concluye, como si estuviera hablando hoy.
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