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El popular conductor se mostró preocupado por la caída del consumo y la "timba financiera".

Mientras se prepara para arrancar una nueva temporada de Bailando, su producto más exitoso, Marcelo Tinelli ofreció un extenso reportaje en el que abordó una variedad amplia de temas. En algunos tramos de la entrevista que realizó el periodista Luis Novaresio, el conductor manifestó su preocupación por varios aspectos de la realidad Argentina. Y por momentos sus palabras parecían las de un candidato en plena campaña electoral. "No descarto ingresar a la política", tuvo que aclarar.

"Uno puede servir al país desde muchos lugares. Hoy no estoy pensando en el ingreso a la política. Amo a la Argentina, me emociona estar con la gente. Si algún día se da, no lo descarto. Hoy no lo tengo pensado, no es el momento", lanzó Tinelli. "Me encanta, si es hacer política ayudar a los que menos tienen", agregó.

Estas declaraciones surgieron luego de que explicara el rol social que tiene el club San Lorenzo, del que es vicepresidente. "Tenemos un dinero invertido en lo social que no es un gasto, es una inversión", remarcó. Y continuó: "Ayer venía en el avión, leyendo a un economista de la fundación Bunge & Born que decía que ojalá los políticos inviertan en la educación de primera infancia. Es mucho más fácil invertir en una autopista porque la ves. Pero en la primera infancia se invierte muy poco. Y la tasa de retorno es a 20 o 25 años. Por ahí es mucho más fácil es comprar Lebacs o poner un bono que te dé el 5% anual. En la Argentina tenemos que hablar de proyectos que vayan más allá de los gobiernos".
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"Mi mirada es para abajo, una Argentina sale dándole a los que menos tienen, no beneficios para los que más tienen. Tenemos que arrancar de abajo", enfatizó. Y prosiguió: "Para mí la economía tiene que tener tres patas: consumo, exportaciones e inversiones genuinas, no la timba financiera como ha pasado en los últimos años. El consumo sigue cayendo muchísimo en este momento, pero no es de este gobierno, es estructural".

En esta línea, manifestó: "Me pone triste que digan que el país es inviable, la puta madre… ¿Qué inviable? No puede ser inviable con la riqueza que tiene. Nos vamos a tener que arremangar para ayudar a que esto salga, pero no lo veo inviable. No podemos no tener sueños los argentinos, tenemos que creer. Yo en Bolívar vendía helado, mi viejo murió de cirrosis, mi mamá tuvo una esquizofrenia. No tuve nada y pude llegar a algo".

Además, el empresario se mostró preocupado por la pobreza. "Qué loco que se mida en números. Para mí no es un número. La pobreza es un montón de cosas. Es estructural muchas veces, son las condiciones en las que esa gente se tiene que mover. Para mí es pobre alguien que tiene que esperar cinco horas para ir a un hospital. Eso no tiene índice, no hay medición", opinó.

En otro segmento del reportaje, se refirió al episodio que protagonizó semanas junto a Novaresio por el precio de la lechuga. "180 pesos el kilo de la lechuga. Sin palabras", había escrito en esa oportunidad. Hoy continúa sorprendido: "Se armó un quilombo impresionante, parecía que queríamos derrocar al Gobierno. Éramos los que sembrábamos pánico a la población, kirchneristas….".

"Muchas veces cuesta hablar, no me mido pero es verdad que cuesta, como costó en los últimos años también", reflexionó. "Hay una grieta que es difícil. No sé si se sale, tenemos que salir. Esa grieta le sirve a algunos nada más. A los que lucran de un lado o del otro. Tiene que haber más opiniones, va a ser muy bueno para la Argentina".

También le dedicó unas palabras a la consigna "La patria está en peligro", que sostiene un grupo de actores contra el acuerdo entre el Gobierno y el Fondo Monetario Internacional (FMI). "No creo que la patria esté en peligro. Entiendo el reclamo, cualquiera puede reclamar. Estoy a favor de la libertad de expresión, pero no lo siento así. Tenemos que construir una patria en serio, no veo que esté en peligro".

Tinelli nunca evitó el contacto con la política. Desde el humor, sus programas fueron escenarios de sketches e imitaciones que suscitaron la molestia de varios presidentes. El conductor describió cómo, desde el gobierno de Carlos Menem a la actualidad, su trabajo generó roces con las distintas administraciones. "Prácticamente lo terminamos nosotros a Menem… Después fuimos los gestores de la caída de De la Rúa, después le dimos la victoria de Francisco De Narváez contra Kirchner, y ahí me odió Cristina, a quien también imitamos y me odió…".

"Cristina se quedó muy mal conmigo", dijo el periodista. "Puedo decir 200 cosas de su gobierno. Macri dijo 'no sigan las locuras de Cristina'. Yo puedo tener un montón de críticas, pero nunca sería despectivo", añadió, y no descartó volver a llevar el humor político a la pantalla: "Me gusta imitarlo a Macri, a Cristina, a Vidal, a Rodríguez Larreta…".
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