Murió Marvin Hagler, un señor campeón de una época inolvidable de los medianos

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Tenía 66 años y su carrera siempre fue comparada con la de Monzón; peleó con grandes como Durán, Leonard y Hearns; considerado uno de los cuatro fantásticos de los años ochentas.

Falleció en su casa de Nueva Hampshire.

Claudio Cerviño

El mítico ex boxeador Marvin Hagler, campeón mundial de los medianos en los ochentas, murió a los 66 años en su casa de Nueva Hampshire, según lo anunció su mujer, Kay G. Hagler, mediante un comunicado publicado en la página de su fans club en Facebook. Inmediatamente, los principales portales estadounidenses de noticias confirmaron el fallecimiento.

“Lamento hacer un anuncio muy triste”, comienza el texto la viuda de Hagler, a quien se considera uno de los “cuatro fantásticos” de su década de esplendor. “Desafortunadamente, mi amado esposo «Marvelous» Marvin Hagler murió de manera repentina en su casa de Nueva Hampshire. Nuestra familia pide que respeten nuestra privacidad durante este tiempo difícil. Con amor, Kay G. Hagler”.

Fue un grande en una época de enormes boxeadores. Zurdo, guapo y a la vez con estilo. Las noches de sábado con Marvin Hagler eran un gran programa. Por lo que generaba arriba del ring, pero también porque tocaba de cerca a la leyenda de una figura argentina, ambos en la categoría medianos: Carlos Monzón. Su apodo lo identificaba: “Marvelous” (”Maravilloso”). Llegó a hacer 67 peleas en 14 años de carrera (1973-1987), con 62 victorias (52 antes del límite), 3 derrotas y 2 empates. Dos de las caídas fueron en los tres primeros años de carrera. La otra, en su despedida, por puntos, en fallo dividido, frente a otra leyenda de los ochentas: Ray “Sugar” Leonard, el 6 de abril de 1987 en el Caesars Palace, de Las Vegas. Este sábado, la noticia de su muerte por causas súbitas causó conmoción.

A medida que su figura fue ganando protagonismo, y sobre todo una vez que logró la corona mundial de los medianos, el nombre de Monzón empezó a girar en derredor de su figura. La marca de 14 defensas del santafesino, logradas desde su victoria sobre Nino Benvenuti en Roma en 1970 hasta el retiro, en 1977, se vieron amenazadas por el avance pujante del calvo boxeador de Nueva Jersey. Una altura de 1,77m le daba margen para sacar provecho del alcance de brazos. Gesto adusto y buena resistencia al castigo lo transformaron en un rival casi impenetrable.

Su punto más oscuro fue el empate, en 1979, con el discretísimo italiano Vito Antuofermo. Casi una afrenta para sus condiciones. Fue su primer intento de lograr la corona mundial. En 1980 consiguió el objetivo frente al británico Alan Minter. Se tomó desquite de Antuofermo hasta que en 1983 llegó su primer gran triunfo, el que lo catapultó: sobre el legendario Roberto “Mano de Piedra” Durán, por puntos, en fallo unánime. Después desfilaron varios, como Juan Domingo “Martillo” Roldán, la gran ilusión argentina de aquellos tiempos, a quien venció por KOT en el 10º luego de un polémico “dedazo” en un ojo del cordobés.

Hagler ya era una celebridad y los triunfos por la vía categórica, o por demolición, se sucedieron. Mustafá Hamsho, Tommy Hearns (otro de los ilustres de la época dorada de los medianos), John Mugabi. En 1987, llegó el esperado choque con Sugar Leonard. La pelea que todos querían ver. Dos boxeadores de una técnica inolvidable, capaces de llenar varios estadios a la vez en Las Vegas. Fue derrota por puntos y el récord de Monzón quedó a salvo, al menos por unos años, hasta que lo rompió Bernard Hopkins.

Hagler y Monzón no fueron contemporáneos por muy poco. Marvelous siempre habló con respeto sobre el argentino. “Cuando fui campeón me sentí muy honrado, uno de los mejores pesos medianos del mundo. Pero sentía como si Carlos Monzón siguiera siendo el gran campeón”, dijo. Y agregó sobre el combate que muchos soñaron: “Monzón me llevaba diez años y me habría encantado enfrentarme con él. Las 160 libras [categoría medianos, 72,500 kilos] siempre ha sido la división más difícil en el boxeo”.

¿Cómo imaginaba Hagler esa pelea con Monzón? “Por mi estilo ortodoxo, probablemente habría peleado en la corta distancia, para poder entrar en su largo alcance. Monzón tenía una de las mejores manos derechas en el mundo del boxeo, como Tommy Hearns. Así que aprendí mucho de él y creo que me ha ayudado mucho”, reconoció.

Muchos no lo conocieron ni pudieron disfrutarlo. Pero para las generaciones que tuvieron el privilegio de vivir aquellos tiempos de medianos inolvidables, Hagler representó uno de los puntos más altos de la historia del pugilismo. Un señor campeón.
Claudio Cerviño
LA NACION

 

 

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