A los 66 años, el superhéroe de la Selección en 1978 dice que no se pueden comparar a jugadores de distintas generaciones y reconoce a Messi y compañía.

 Los subcampeones en Brasil 2014 fueron una de las mejores camadas del fútbol argentino.

Luis Vinker

Ya pasaron más de cuatro décadas y para las decenas de miles que lo vivieron allí –y los millones de argentinos que lo disfrutaron por televisión- aquellas emociones podrían revivir. Aún considerando la época, que no daba para festejos. Pero en nada disminuye la valía de aquella Selección, que protagonizó una de las mayores hazañas en el historial de nuestro fútbol, por la calidad técnica y el coraje de sus jugadores. Mario Alberto Kempes fue uno de ellos, el más desequilibrante y que alcanzó en aquella tarde del 25 de junio de 1978 la cumbre en su carrera con sus dos goles y su imparable dinámica ofensiva.

Mucho sucedió desde entonces, Kempes fue un verdadero trotamundos en su etapa final de futbolista y en algunos intentos como técnico. Pero desde hace quince años está radicado en Estados Unidos, en su rol de comentarista por ESPN. Y lo disfruta. Como también, el mimo que le hicieron recientemente los hinchas del Valencia, al elegirlo su “leyenda de todos los tiempos”.

“Fueron muchos años allí, algunos tiempos felices, y otros, no tanto. Pero ellos sabían que yo siempre iba a dejar la piel por el equipo”, comenta. Desde Bradenton, Florida, y por el Zoom que impone esta era de pandemia global, a pocos días de festejar su 66° cumpleaños, Kempes repasó con Clarín aquellos tiempos de gloria, y también la actualidad del fútbol.

-Por aquí andamos, cuidándonos, como todos.

-Pero estás en la Florida, en una de la zonas más complicadas por el virus…

-En realidad, casi todo Estados Unidos está complicado. Me cuido, sigo todas las normas y las recomendaciones, el uso del barbijo, el distanciamiento. Mucha gente lo hace, inclusive en la playa… pero, en fin, como en todos lados, hay gente a la que no le importa nada.

-Se te ve muy cómodo del otro lado del fútbol, en tu rol de comentarista.

-Lo disfruto. El fútbol es mi vida. Seguir los partidos así, me permite mantenerme vinculado, opinar, discutir… Creo que toda la gente lo siente así

-Pero ¿se te da por la nostalgia, por las comparaciones con el fútbol que jugaban ustedes?

-En absoluto, no vivo de recuerdos. Creo que la esencia del fútbol –en cuánto a sus cuestiones básicas, el juego de equipo- no se pierde. Lo que cambia es la tecnología y todo lo que rodea al jugador. Y las tácticas se van adaptando. Es decir, no veremos más un 2-3-5 como se jugó alguna vez y otros sistemas que iban apareciendo. Por recordar un ejemplo de la final nuestra, fijate la cantidad de situaciones de peligro. Creo que eso se da cada vez menos en una final mundialista, donde se toman todos los cuidados posibles yen la mayoría de las veces se define por detalles.

-Es decir, tampoco te interesaría comparar jugadores de ayer y hoy, algo que es tan habitual, la lista de los más grandes

-Para nada. Cada uno representa a su época. Muchos mencionan a Di Stéfano como el mejor en la suya, y seguramente lo fue. Yo tuve la oportunidad de que me entrenara, tanto en España como en River, así que conviví con él, pero no tengo idea de cómo jugaba, no lo vi nunca. Después vino Pelé, que fue mi referente cuando empezaba… pero tampoco llegué a verlo. Sí compartí el equipo con Maradona o disfruté viendo a Messi ​en los últimos años. Pero no hago comparaciones, cada uno fue grande, muy grande, en su tiempo..

- Junio y julio coinciden con el recuerdo de aquellos títulos mundiales, tanto el del 78 como el del 86 ¿sentís que en el caso de ustedes no está totalmente reconocido?

- No me preocupa eso. En su momento, recibimos la crítica de alguna gente que, al no tener el valor de criticar la dictadura, nos “usaba” a nosotros para pegarnos. Pero eso ya pasó… Yo me siento muy orgulloso por lo que hicimos deportivamente. El fútbol argentino tiene dos medallas supremas en su historia y una la conseguimos nosotros, digna y limpiamente. Nos habíamos juramentado dejar todo en la cancha y eso fue lo que hicimos.

-En el 74 eras muy joven, veinte años, pero ya estabas en la Selección para el Mundial de Alemania. Las diferencias que establecía Holanda, por ejemplo, eran abrumadoras, goleadas en el partido previo y goleada en el Mundial.

-Eso hay que recordarlo. Hasta que asumió Menotti​ y le impuso un orden y una estructura a la Selección, con respeto por los entrenadores, la Argentina no tenía una línea. Los técnicos duraban unos pocos partidos y, en cuánto perdía, los echaban. Nosotros teníamos excelentes jugadores para aquel Mundial del 74, algunos eran figuras en Europa, pero estábamos en medio de una desorganización general, fuimos con tres técnicos. Allí Holanda nos pasó por arriba. Menotti hizo una revolución en lo organizativo que, por suerte, se pudo seguir por mucho tiempo en la Selección Argentina, más allá del técnico que le tocara. Se respetaban los ciclos. Menotti preparó un equipo con tiempo para el Mundial. En el plantel del 78 sólo quedábamos tres jugadores del Mundial anterior: Houseman, el Pato Fillol y yo. Y realmente, la noche anterior a la final con los holandeses, a ninguno de nosotros se nos pasó por la cabeza lo que había ocurrido en el Mundial anterior. Estábamos totalmente metidos en esa final.

-También y visto a la distancia. ¿Qué sucedió en España, en el 82? Argentina llegaba con la base del plantel campeón del mundo y se incorporaban refuerzos de lujo como Maradona, Ramón Díaz, Valdano.

-Es simple: teníamos grandes jugadores, pero ya no éramos el equipo sólido de antes. Y los otros –Italia y Brasil- lo presintieron, no nos respetaban tanto. Ya no asustábamos. Es cierto que teníamos más nombres y más experiencia. Pero no funcionamos como equipo. Tampoco estábamos tan concentrados.

-Habías elogiado, también, a una generación reciente, la que llegó a la final en Brasil.

-Por supuesto. Creo que fue una de las mejores camadas del fútbol argentino, con Messi y otros jugadores consagrados. A esa Selección no se le dio el resultado en la final, y no por eso hay que subestimarla. Llegar hasta allí es cada vez más difícil y esos partidos ahora se resuelven por detalles. En la final del 86 y antes de la corrida final para el gol de Burruchaga​, la Selección también pasó momentos comprometidos con los alemanes. Y a nosotros nos ocurrió lo mismo con Holanda, en un partido de muchas llegadas… En una final, generalmente lo que divide el triunfo de la caída, o la gloria de la decepción, puede ser un detalle, mínimo. Y a veces, hasta una cuestión de suerte. Hay que valorar lo que hicieron esos muchachos en Brasil.

-¿Será posible volver a volar tan alto?

-Después de ese momento tan negativo que fue el Mundial de Rusia, creo que hay posibilidades de recuperarse. Veo jugadores interesantes. Inclusive, cuando no pudo jugar Messi, se vio un equipo con intenciones. Si se trabaja bien, no descartaría a la Argentina para el 2022.

Mario Alberto Kempes x 10
1. El trotamundos

Después de su esplendor futbolístico (el último título, con el River de Di Stéfano en el Nacional 81), Kempes volvió a Valencia. Pero su físico se había resentido y ya no era el mismo. Tras un par de temporadas allí, jugó para el Hércules y terminó su carrera en equipos menores de Austria (“un lugar ideal para retirarse”, comenta). Cuando tenía 42 años, por pedido de un amigo, llegó a jugar en el Fernández Vial, de la segunda división chilena. Como técnico, tuvo destinos exóticos: Indonesia, Albania, luego Venezuela, Bolivia, Costa Rica. No insistió por allí.

2. El momento excepcional

Desde la segunda vuelta del Mundial 78, Kempes fue imparable. Todo comenzó en aquella noche rosarina contra Polonia: se tiró en palomita y evitó un gol, forzando un penal que atajó Fillol. Después, Kempes marcó los dos goles del triunfo y, dos más en la goleada contra Perú. ¿La final con Holanda? Inolvidable. El gol en el primer tiempo, otro en el complementario después de trabajar con los defensores holandeses y complementó Bertoni para la consagración argentina.

3. El nacimiento del “Matador”

Contó: “El apodo me lo puso José María Muñoz en el 75, después de que le marcara tres goles en un partido a Banfield”. Por esa época, Kempes brillaba en Rosario Central: fue el goleador del Nacional 74 con 25 tantos en 25 partidos, y del torneo siguiente (Metropolitano 75), con 25 en 28 juegos. En total, en sus tres temporadas en el equipo rosarino, incluyendo la participación en la Libertadores, marcó 97 goles. Es, por supuesto, el goleador histórico entre los “canallas”. La venta al Valencia en 1976 en medio millón de dólares –récord del fútbol argentino para aquella época- tuvo que ser aprobada por los hinchas en votación popular.

4. El gran escape

Su aventura en Albania terminó para un episodio de cine: “Se vino una corrida bancaria y enseguida, una rebelión popular. Un dirigente me avisó: ‘mañana sale el último avión, subite o no salís más de acá’. Alcancé a tomarlo y llegué a Italia…”

5. Un día en Ciencias Económicas

Sus padres no estaban convencidos de que se dedicara profesionalmente al fútbol y le exigieron estudiar. Kempes terminó el secundario en Bell Ville, su ciudad natal, y se inscribió para Ciencias Económicas en la Universidad Nacional de Córdoba. “Entré a una clase, diez minutos… después no fui más”, recordó. A esa altura, ya era la gran promesa del fútbol cordobés. El ciclo en Instituto, donde también asomaba Ardiles, fue insuperable (de allí lo compró Central, y también lo convocaron a la selección juvenil. Y a la mayor, para las eliminatorias del Mundial 74)

6.La selección fantasma

Una de sus primeras experiencias con la Selección mayor fue con Sívori como DT en el 73, cuando se armó un equipo que debía enfrentar a Bolivia en La Paz: los enviaron un mes antes a entrenar en la altura, para adaptarse. “Primero nos mandaron 15 días a Tilcara y recién después fuimos a Bolivia. Pero la AFA se olvidó de nosotros y la pasamos mal en serio. Estábamos en un hotel de mala muerte y no había ni para comer, no había plata para comprar la comida. Teníamos programados dos amistosos y al final hicimos siete a cambio de algo de plata. Así comprábamos las cosas en el supermercado y algunos hacían de comer. Yo volví con 8 o 9 kilos menos”, le contó a El Gráfico.

 

7.Idolo en Valencia

Hace pocas semanas, una votación por las redes entre hinchas del Valencia –participaron 100 mil personas- eligió a Mario Kempes como “La leyenda histórica” del equipo.

8.Dos veces “Pichichi”

Kempes fue el máximo goleador de la Liga española en la temporada 76/77 con 24 tantos, y también en la siguiente con 28. Entre sus rivales por el “Pichichi” estaban otros delanteros argentinos como Rubén Cano (Atlético Madrid) y e “Puma” Morete (Las Palmas). Kempes lideró uno de los equipos históricos del Valencia –allí también brillaba el mediocampista alemán Rainer Bönhoff- y ganaron la Copa del Rey del 79, al vencer en la final a Real Madrid 2-0. También aquel Valencia logró dos títulos europeos: la Recopa del 80 ante el Arsenal, por penales, y la Supercopa del mismo año ante el Nottingham Forest. Kempes es el goleador histórico del Valencia: 173 tantos.

9. Impecable

Mario Alberto Kempes, en más de una década de campaña en el fútbol profesional (y que incluyó la participación en tres Mundiales), nunca fue expulsado.

10. De guardia

Otra de sus múltiples anécdotas: en 1975 ya era titular, ídolo y goleador de Central, también estaba en la Selección. Pero, por sorteo, debía hacer el servicio militar. Intercedieron y lo exceptuaron casi siempre… “Pero una vez –recuerda- no tenía partido y me obligaron a ir y estar de guardia. Creo que fue un cabo el que decidió eso, y que además era hincha de Newell’s”.
CLARIN


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