Nunca se fue el grondonismo de la AFA que enterró la Superliga y se acercó al Gobierno.


Ricardo Roa
Que Marcelo Gallardo, todavía con la carga de la amargura y de la frustración de haber perdido pocos minutos antes el campeonato, haya felicitado a Boca y pedido no descargar culpas sobre el árbitro que había perjudicado a River, alienta esperanzas de que puede haber otro fútbol.

Gallardo tenía motivos para estar enojado. Loustau no cobró dos penales de Atlético Tucumán que podrían haberle dado a River el gol que necesitaba para salir campeón y, por indicación de un juez de línea, le anuló mal un gol a Borré. No aprovechó para mandar al árbitro abajo del camión. Al contrario: dijo que Loustau puede equivocarse y que es “uno de los mejores, sino el mejor”.

Esa es una cara de nuestro fútbol. Otra, que no alienta ninguna esperanza, es la AFA. Era demasiado pretender que la escuela de arreglos a medida y de matufias a medida de los 35 años de Grondona se rindiera fácilmente. Sin Grondona, siguió el grondonismo en versión más grotesca porque a los sucesores del gran Padrino no les da el piné.

En estas horas terminan de oficializar lo que ya venían cocinando: enterrar la Superliga, que dio seriedad y previsibilidad a los calendarios, reglas claras para programar los partidos y repartir en forma automática y transparente la plata de la televisación entre los clubes.

Vuelta esa facultad a la AFA, volverá el jubileo de cambios de fechas y horarios, a conveniencia del que mejor esté con Chiqui Tapia. Es lo único que en estos últimos años no se manejó en la AFA aunque mantuvo nada menos que el control de los árbitros y del Tribunal de Disciplina. Tapia​ regula el arbitraje con Federico Beligoy, que es a la vez el líder del sindicato más antiguo de los árbitros, a los que designa a dedo.

Un nexo de Tapia con los árbitros fue Javier Marín, dirigente de Acassuso escrachado en la investigación de la red de abusos sexuales con juveniles de Independiente. En el mundillo del fútbol dicen que lo reemplaza Víctor Stinfale, abogado de barras y que viene de zafar de la causa por la tragedia de Time Warp.

En esta AFA hacen cosas que hacía Grondona pero peor hechas. Con los torneos en pleno desarrollo, cambiaron dos veces las reglas en el ascenso y en la Superliga primero bajaron los descensos de cuatro a tres y ahora decidieron que habrá 24 equipos en lugar de los 20 del proyecto original.

¿Cuánto habrá de la vieja AFA en la nueva AFA? La vieja AFA era un gran prestamista de los clubes, la mayoría de ellos en rojo, que apelaban al pagadiós y se convertían en necesitados y deudores. La caja le aseguraba a Grondona eternidad en el poder. Runflas, alianzas, te doy esto y necesito tu voto, acordate que me debés una, si no me acompañás podés tener problemas con los arbitrajes.

Por lo pronto, la nueva Superliga perderá la autonomía que había ganado. Será presidida por Tinelli, el mismo Tinelli que tres años atrás había reclamado y conseguido esa autonomía. Piruetas que pega la vida. El operador en las sombras de toda la movida se llama Sergio Massa​, que arrima esta AFA al kirchnerismo después de haber arrimado a Riquelme a la lista que desplazó a Angelici en Boca. Piruetas que da la política.

Hay eso y más que eso como el mini Fútbol para Todos que le darán al Gobierno y los US$ 20 millones anuales que agregarían Disney y Turner, las súper empresas que tienen los derechos de la tevé. El fútbol mueve multitudes y el negocio del fútbol mueve dirigentes.
CLARIN


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