El capitán de la Selección fue elegido en el quinteto ideal de la Copa del Mundo y está frente a una definición clave.

Mauricio Codocea

Marc Gasol aplaude. Ricky Rubio aplaude. Acaban de ser campeones en China y son múltiples medallistas olímpicos, europeos y mundiales. Aplaude Bogdan Bogdanovic. Aplaude Evan Fournier. Ambos también son jugadores top. Los cuatro se destacan en la NBA y son importantes en sus franquicias. Pero el hombre al que aplauden ya no lo hace. Su recorrido en la mejor liga de básquetbol del mundo se le cerró hace dos años y medio. Tiene 39 años. Sin embargo, lo aplauden porque es el mejor ala pivote de la Copa del Mundo. Y como se trata de los que están y no de los que eligieron ausentarse, técnicamente es el mejor ala pivote del mundo. Se llama Luis Alberto Scola.

A la hora de pararse frente a los micrófonos, el goleador argentino en el Mundial elige destacar lo conseguido. "No hay nada por lo que estar tristes -dice con firmeza-. Nosotros éramos los más optimistas del mundo respecto a este equipo y no creo que nadie de nosotros pensara que íbamos a estar acá hoy. Quizás un sólo loco (risas). No hay que olvidarse de eso. Hay que tener perspectiva y cierta claridad, porque realmente lo amerita".

Poco tuvo de locura ese análisis que había hecho íntimamente luego de ver -y protagonizar- el crecimiento de este equipo a lo largo de los últimos cinco años, con especial énfasis en los últimos dos de este grupo. Scola trasladó ese convencimiento personal, nacido a partir de su sabiduría, de su evaluación de la escena internacional, de lo que veía en cada práctica. Convenció a los suyos. Hasta a Sergio Hernández, el entrenador.

"Cada uno quiere empujar al equipo a que se crea que es el mejor, que va a salir campeón y que va a ganar todos los partidos -explica-. Nosotros logramos imponerle a nuestras cabezas, a nosotros mismos como bloque, como equipo, la idea de que podíamos ganar todos los partidos. Esa sensación es la que te permite tener una chance de ganar".

La final tuvo al capitán de la Selección lejos de su mejor versión. Las chances más claras las tuvo en el arranque, pero falló un par de tiros que no suele errar. A partir de entonces, España corrigió esa falencia potencialmente mortal, que podía significar darle lanzamientos limpios al máximo anotador argentino.

Al cabo, la planilla del histórico número 4 argentino se completaría con apenas 8 puntos, 8 rebotes y 2 asistencias. La cifra anotadora fue engrosada por el 6 de 6 en tiros libres, pero Scola estuvo sumamente peleado con el canasto: apenas metió uno de sus 10 intentos.

Sergio Scariolo sabía que darle centímetros a Scola podía ser suicida. Por eso se preocupó por cerrarle todos los caminos. Fue parte, claro, de un plan integral que incluyó también castigar a Facundo Campazzo. Anulando el poder de fuego de los perimetrales argentinos, se le hizo más sencillo a la Roja poder defender al capitán albiceleste. Gasol, los hermanos Hernangómez, Víctor Claver, Rudy Fernández en las ayudas... Todos se ocuparon de enfrentarlo.

Y si pusieron el ojo así en él fue porque, a los 39 años, dentro de la cancha borró por completo la edad del documento. Porque dominó a los rivales tal como lo hacía en Sudamérica, pero en el más alto nivel mundial.

Generó que muchos se preguntaran: "¿Cómo puede ser que no esté en la NBA?". Generó que no pocos españoles, ante el rumor de un interés de Real Madrid, dijeran: "Hay que traerlo ya". Generó que hasta sus compañeros empezaran una campaña en las redes sociales para que los acompañe en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020.

En una entrevista exclusiva con Clarín, el capitán del seleccionado había anticipado que su compromiso con la Selección llegaría hasta el último día de este Mundial. En ese entonces, aclarando que la clasificación a la cita olímpica podía o no modificar las cosas, ponía varias cuestiones en la balanza: "Me tengo que sentir bien, estar contento… Lo que pase en China me va a hacer decidir lo próximo. Entre ello, el resultado, cómo me fue, cómo me sentí, si la pasé bien o mal, etcétera".

El resultado fue inmejorable: una final del mundo.

El cómo le fue está a la vista: 17,9 puntos, 8,1 rebotes, 1,8 asistencias y casi un robo de promedio en casi media hora de acción por noche. Si sólo se tienen en cuenta a los que jugaron 8 partidos (es decir, a los que avanzaron a los cuartos de final), Scola fue el cuarto máximo goleador del Mundial y el tercer máximo rebotero.

En China llegó a 41 partidos mundialistas e igualó al brasileño Ubiratán Pereira como el jugador con más presencias en la historia. Ganó 32: más que cualquier otro en la vida del campeonato. Y se subió al segundo escalón entre los máximos goleadores de todos los tiempos: con 716, secunda al mítico Oscar Schmidt (906).

Contento se lo vio, indudablemente. ¿La pasó bien? "Disfruto mucho de jugar con este equipo", repitió en más de una ocasión.

Nada de eso será concluyente. Es tan sólo el contexto de las situaciones -entre otras, seguramente- que el capitán argentino se había propuesto evaluar.

¿Seguirá jugando al básquetbol? Sólo él lo sabrá y quizás ni siquiera lo tenga definido. Ahora será tiempo de disfrutar de otro logro histórico y de pasar tiempo con Pamela, Tiago, Tomás, Matías y Lucas, esos que llevan dos meses esperando volver a verlo. Cualquier decisión que tome Luis Scola estará bien. Demasiado le ha dado al básquetbol argentino.
CLARIN

 


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