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Un obrero Correntino de la capital, comenzó a jugar vóley, luego le enseñaron los primeros conceptos del básquetbol y en esta disciplina fue dando sus primeros pasos en el humilde Club Sportivo Corrientes. Triunfó en Regatas y sobre todo en la vida donde ejerció la medicina y la docencia con honores.

Alberto Pantanali nació ocasionalmente en la ciudad de Buenos Aires, en el Hospital Militar, ya que su padre era Suboficial del ejército con destino en el recordado Regimiento 9 de Infantería. A los 15 días de vida ya estuvo en Corrientes, y con su familia vivió en una casa tipo pensión en Bolívar 532, cursando la Primaria en la escuela Centenario.
“La secundaria la hice en el colegio Nacional, allá por el año 56, yo jugaba al vóley con el equipo del colegio y unos muchachos menores que me decían que tenía que jugar al básquetbol. De dos de ellos me acuerdo, uno era Jorge Schneider y al otro le decíamos ‘Upa’ Ojeda. Yo ya tenía 15 años y no sabía nada de básquetbol, entonces me invitaron al Club San Martín que me quedaba enfrente, ya que para esa época vivíamos en La Rioja y Belgrano y me convencieron que por mi altura (1,90 mts.) tenía que aprender a jugar de ‘pivot’. Así arranque tirando al aro de la cancha de San Martín que daba a calle La Rioja con estos ‘asesores’ a lo que más tarde le fui incorporando algo de astucia, amagues y otros condimentos. Jugando ya para un equipo del colegio me ve un dirigente de Sportivo, un oficial del ejército compañero de mi padre, le habló y me llevó a Sportivo, con la suerte que como director técnico estaba Mario Indalecio Polo, que a la vez era mi profesor de educación física en el colegio, así todo me fue más fácil”. Comenzó contando “Panta” sus “tardíos” inicios en el básquet y su llegada al humilde Club Sportivo.
“Los sábados a la mañana, en el Club San Martín, nos juntábamos un grupo de jóvenes y nos enseñaba un grande para mí, como lo fue Aníbal Stopello, un verdadero maestro. Nos enseñaba a picar, a correr, a pasar de pecho, la trenza, el contragolpe, en fin el ‘abc’ del básquet. Después, la verdad que mucho dependía de cada uno, íbamos a jugar, a hacer movimientos, yo hacía los de un pivot, giraba para un lado, para otro, tenía algunas condiciones sin ser un fenómeno. En Sportivo enseguida jugué en Primera, alternábamos malas, malas, malas, buenas, malas… (risas) y yo debuto en un torneo que se hace en la primer cancha techada de Corrientes, en el Salón Monumental, el de la canción de Seoane Riera, por Junín entre España y Santa Fe. Lo ambientaron para una cancha de básquet y se hizo un torneo. El campeón de la Asociación venía de ser Hércules, con la gran figura de Rubén Frías. Allí debute”. Nostalgioso “Chiche”, apodo que lo acompaña de “toda la vida”, obra de su padre, recordó cómo fue su debut en Primera división.

“A Sportivo llegó el ‘Laucha’ Cabral de la marina, siendo ya un peluquero ‘profesional’, un verdadero personaje, muy querido en el club, estaban ‘Puqui’ Achinelli, ‘Toté’ Ramírez, un muchacho Esprovieri, Victorio Calatayud, después llegó ‘Cacho’ Huerta. Una vez que se canso de dirigirnos el profesor Polo, un par de temporadas el técnico fue ‘Nenito’ Gómez”. Pantanali en ese entonces ya era un estudiante de medicina y preparando una materia su compañero de estudio le abre una posibilidad.
“Estábamos preparando la materia Química, con mi compañero, hoy médico también, Juan Carlos Vázquez que jugaba en Regatas y me dijo porque no voy a jugar ahí, que él era vecino de don Eudoro Buzzi, en ese entonces presidente de Regatas y un día me llevan con el señor ‘Toté’ Arriola, que era el padre de ‘Toño’ y Mario y me convencen y pido el pase a Regatas. Fuimos a lo de ‘Quino’ Palacio Medina que era el que manejaba todo el básquet de la Asociación y firmo para el club del parque Mitre. Me acuerdo el titular del diario El Litoral decía: ‘Pase de campanillas Pantanali a Regatas’ (risas)”. Orgulloso, ‘Panta’ con detalles recordó su pase a un grande del básquetbol correntino.
“Al hacer pase, la reglamentación establecía que debía jugar un año en Reserva, pero justo me tocó la conscripción en la base Aeronáutica de Reconquista. El día previo al embarque en la balsa jugábamos una final contra San Martín en cancha de ellos. Los directivos de Regatas pidieron permiso para que yo juegue, pues debía estar en el Regimiento 9. El suboficial a cargo era el chaqueño Valussi, fanático del básquetbol y me otorgó, con la condición que a las 4 de la mañana esté en el puerto, arriesgando su pellejo. En pleno partido, ocurrió una de las grandes anécdotas del básquet de la época. Hago un lanzamiento al aro, que daba a lo que sería la calle Salta, ya que la cancha de San Martín tenía la misma disposición que tiene hoy, y una persona que era intachable en su conducta, estaba sobre la jirafa de ese aro y cuando efectuó el lanzamiento, que la verdad no sé si entraría pero si tenía buena dirección, la sacude con fuerza y la pelota empieza a picar en el aro y sale. Los del banco de Regatas y algunos allegados vieron y salieron corriendo a buscar a esa persona que se perdió de la cancha.
Es hombre resultó ser ‘Palito’ Villarroel, el ‘original’, ya que a uno de sus hijos también lo apodaban así, una persona de bien, intachable, pero su fanatismo por San Martín lo llevó a hacer eso. Años después me confesó que no pisó una cancha durante diez años por vergüenza”.
Como era de esperar, luego de ese partido, ‘Panta’, a las 4 de la mañana estuvo en el puerto, para en balsa cruzar a Barranqueras y de ahí en camión a su destino militar en Reconquista. “Valussi amaba el básquet y armó un equipo en Reconquista que jugábamos contra los clubes de ahí, me acuerdo del mercedeño De Zuliani, de Hualpa, nos divertíamos y de paso me mantenía en estado. Una vez cumplido el servicio militar, en 1962, regresé a Regatas y me encuentro con un equipazo, ‘Toño’ Arriola, ‘Coco’ Stegelmann, Raúl y ‘Moncho’ Cattaneo, Jorge Fidanza, Jorge Piati, ‘Cigüeña’ Mogilner, eran algunos de los que estaban, dirigidos por Julio Osvaldo Ceballos. Después aparecieron, Néstor Ricagno, ‘Peje’ Ríos, ‘Chiche’ Silvestrini. Era un gran equipo y una familia, ganamos varios torneos de la Asociación, una año lo hicimos de manera invicta”. Con detalles, Pantanali recordó sus andanzas en el básquetbol capitalino.
“Yo estudiaba medicina y vivía en la misma pensión donde nací por calle Bolívar al 500, ya que a mi padre lo habían trasladado. El club (Regatas) me pagaba una beca. Para mí era algo incómodo, que a mí me paguen y a los demás muchachos no.
Entonces les pedí un trabajo y mediante la gestión de ‘Pepito’ Adut que era dirigente del club consiguió un cargo de Practicante de Sanidad Policial, que era un cargo equivalente a un oficial ayudante. Cumplía funciones por calle Vera entre Buenos Aires y Salta, me recibí siendo practicante y seguí como médico en la policía. Después me ofrecieron un cargo no docente en la Facultad de Medicina por calle Mendoza.

También empecé como docente en la cátedra de Pediatría, función que cumplo por casi 40 años. Trabajo paralelamente en el Hospital Vidal en Parto y Neonatología y en 1995 después de estar unos meses como director asociado del Vidal, por un ofrecimiento del doctor Samuel Bluvstein, decano de la Facultad de Medicina me quedé como Secretario de Asuntos Estudiantiles durante sus tres mandatos y allí me jubilé”.
“Chiche” repasó sus actividades extradeportivas, en sus otras pasiones: la medicina y la docencia.
En el básquetbol fue aprendiendo todo, con mucho esmero logró imponer su nombre en la afición. “‘Panta’ era un peón, una talla importante para la época y se hacía valer en los tableros, debía marcar a ‘Pilú’ Gómez o al ‘Negro’ Caballero, por ejemplo, era un jugador muy útil y sumamente generoso, jugaba para el equipo, además era un atleta, un físico imponente y muy buen compañero y mejor persona”. Así lo define su compañero en Regatas y amigo del básquetbol, el profesor Raúl “Coco” Stegelmann.
Sus actuaciones en Regatas le significaron sendas convocatorias a las selecciones de Capital y de la Provincia, pero su prioridad siempre fue el estudio y eso le impidió participar de los campeonatos argentinos, sin embargo jugó un par de promocionales defendiendo los colores de Corrientes.
“Me retiré jugando en Saladas un campeonato de clubes campeones y la mejor anécdota que me llevo es una síntesis de lo que era el básquet en los años 60. Jugamos un partido en cancha de Alvear, del cual si ganábamos éramos los campeones, no era una final, pero un triunfo nos daba el titulo y así ocurrió, lo ganamos al partido. Nuestra hinchada eran las mujeres de los Cattaneo, la mamá de Ricagno, las novias de alguno de nosotros, no eran muchos y todos nos dirigimos al club (Regatas) a festejar con una cena.
Estábamos por arrancar a cenar y vemos bajar de las escalinatas a un grupo de personas encabezadas por don Roberto Vidal, técnico de Alvear, ‘Pilú’ Gómez, su figura emblemática, Biesel, Raúl Mierez, y toda la gente del Aldana con un cajón de vino a festejar con nosotros. Ese era el básquetbol de antes. En la cancha rivales a muerte y después una confraternidad hermosa”.
Emocionado Pantanali rememoró una de las nombradas historias del clásico por excelencia del básquetbol de Corrientes. Alberto Jorge Pantanali, “Chiche” desde pequeño puesto por su padre, ‘Panta’ para la mayoría que lo conoce, -incluso hasta para mi mujer- (acota), nació el 7 de febrero de 1941, fue un deportista natural, estudió medicina y se especializó en pediatría.
“Una de las mayores satisfacciones que me dio la profesión fue que la mayoría de mis adversarios deportivos me confiaran la salud de sus hijos”.
Triunfó en las canchas de básquetbol, surgió en el humilde Sportivo y se consagró en Regatas. Fue docente durante cuatro décadas.
“Hoy la mayoría de los médicos formados en la facultad de medicina de la UNNE fueron mis alumnos y me recuerdan siempre ya que mi materia (Pediatría) estaba en el último año, es otra de las grandes satisfacciones que me dio la vida”, recordó.
Formó su familia con su esposa desde hace 50 años, sumados a 10 de novios, María del Carmen Díaz Gatusso y tuvieron dos hijos: Guillermo, ingeniero civil que le dio un nieto Felipe, y Mónica, médica anestesióloga que dio a Santiago, Francisco y Dolores de nietos, con los que todos los domingos se reúnen en familia.
Todos los días, salvo que llueva o hagan menos de 10 grados, puntualmente a las 7:30 hace una hora de caminata con su señora y a partir de las 17 el gimnasio del Regatas es una cita ineludible para mantenerse impecable de estado, salud y animo.
“Chiche” Pantanali, un destacado en la vida, el básquetbol fue un complemento, la medicina su vocación, a la que le fue sumando pasión y esmero de la mano de sus maestros como los reconoce a los doctores Samuel Bluvstein y Juan Carlos Civetta y la docencia su gran realización.
Nunca se peleó con nadie en una cancha ni fuera de ella, fue simplemente una buena persona y el prototipo de un gran obrero del básquetbol.
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Lunes, Julio 16, 2018
Diputada Provincial Geraldine Calvi

Gobierno de corrientes

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