Escucha en vivo

El viejo y querido plan de familia reunida alrededor del televisor encontró su fecha de vencimiento. Ahora, cada uno ve lo que quiere, cuándo y dónde quiere. Y eso parece tener su encanto. Pero qué hermoso era aquello.

Una escena de Villa Urquiza: Mariana está tomada por "This Is Us", al lado de Camila, su hija, que va por el segundo capítulo de "Maniac". Al fondo se ve a su otro hijo, Tomás, que arrancó con "Better Call Saul".
Militante de la televisión como soy, crecí viéndola en familia. A la tarde, las telenovelas con mi abuela. A la noche, algún plan para todos alrededor de la mesa. Porque eran tiempos, los '70 (y también los '80 y los '90), en los que “la tele” era sólo lo que mostraba el televisor. Y en la mayoría de las casas, en esa época al menos, el aparato encendido era motivo de encuentro. Difícilmente hubiera dos prendidos a la misma hora.

La TV marcaba agenda. Ni hablar de los martes a la noche del '72 con el querido Rolando Rivas, taxista, como emblema de la lealtad a la ficción. Ese día, todos frente a la pantalla.

Ahora ya ni “todos” ni “pantalla” en singular. Tal vez haya alguna casa en la que a la hora de la cena estén varios reunidos viendo lo mismo. Pero la escena que manda, de acuerdo a los cambios generacionales y a los acelerados avances tecnológicos, es que cada uno ve -lo que antes llamábamos cariñosamente “la tele”- como quiere, cuando quiere y, fundamentalmente, donde quiere.

Va una postal familiar de Villa Urquiza. En el sillón del living, Mariana ve This Is Us, al lado de su hija, Camila, que está con el segundo capítulo de Maniac, mientras, en su cuarto, su hermano Tomás acaba de terminar esa serie de Netflix y ya se tiró de cabeza con Better Call Saul. Favio, el marido de Mariana, va por el quinto de Maniac. Cada uno en la suya, pero... “Como los buenos libros, después las series se comentan en familia. Cuando son adictivas hay que verlas solos, eso decidí con This Is Us, pero me arrepentí”, confiesa Mariana, quien para las vacaciones organiza planes de “Vemos algo todos juntos” y entonces selecciona clásicos como Modern Family o Friends.

Otra postal de estas horas, en un departamento de Barrio Norte. Los cuatro en el sillón, cada uno con entretenimiento favorito: Luciana está atrapada con The Handmaid's Tale, Matías -su marido- eligió enfocarse en los laberintos narrativos de Ozark, y sus hijos tomaron caminos alternativos: Camilo se zambulló en el Fortnite de la Play y Valentino prefirió divertirse con los videos de Twitch.

Nada más viejo y más vigente de que cada familia es un mundo. Por eso ya no asombra cuando alguien cuenta que a la noche, en su cama, ve una serie en su tablet, mientras su marido ve otra en su celular. Y, en el cuarto de al lado, sus hijos ven lo suyo, uno en el televisor, el otro en su computadora. Un asterisco a ese fotograma indicaría que también se da el caso que el matrimonio esté viendo, cada uno en su dispositivo, la misma serie... pero distinto capítulo. Con lo cual, los spoilers (anticipo de algo que aúno no se vio) amenazan con probabilidad de tormenta conyugal.

Uno podría preguntarse ¿qué tiene eso de malo, que huele bastante a libertad de elección? Tal vez nada. Y, más, teniendo en cuenta que la oferta de ficciones para ver cuando a uno le dé la real gana es ilimitada, sostenida fundamentalmente por el sistema On demand (una suerte de menú de ficciones) y el streaming (un catálogo que requiere conexión a Internet).

Ya no rige aquello de “ves esto a determinada hora o te lo perdés”. Pienso en años en los que ni replay había. Ni hablar de “en un rato lo suben a la web” o “desde mañana disponible en Flow o Netflix”. Y eso que la familia veía toda reunidita frente al televisor daba tema asegurado de conversación al día siguiente, sin riesgo de estar contando algo que el otro todavía podía ver. Antes, si no lo veías, perdías.

Y antes, perdón por la insistencia evocativa, “la tele” juntaba. Ahora quizá divide hábitos, y, de acuerdo al viejo dicho popular (que quizás sólo conozcamos los que veíamos televisión blanco y negro en los '70), además de dividir, reina. Porque las conductas cambian, pero la TV -en cualquiera de sus formas- siempre está.
CLARIN

Jueves, Diciembre 13, 2018
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