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Los periódicos de referencia siguen siendo donde se legitiman las grandes investigaciones.

Por Ricardo Kirschbaum (*)
El viernes 16 de marzo, de acuerdo con la cotización bursátil, Facebook valía prácticamente lo mismo que el PBI de Argentina.
La crisis que se desencadenó con las revelaciones sobre la utilización de datos privados de sus usuarios en campañas políticas (Trump o el Brexit) provocó un derrumbe. El valor de la acción de Facebook este martes era 18 por ciento más bajo.
Mucho más grave fue el daño simbólico: una campaña #DeleteFacebook (bórrese de la plataforma) se ha convertido en tendencia. Y el dueño de la compañía, Mark Zuckerberg, que había eludido hasta ahora pedir disculpas y había dado explicaciones elusivas, debió asumir el daño y la responsabilidad.
¿Dónde lo hizo? En los diarios de Gran Bretaña The Observer, The Sunday Times, Sunday Mirror, Sunday Telegraph, entre otros y en los principales de Estados Unidos, como The New York Times, The Washington Post y The Wall Street Journal.
Zuckerberg eligió a los periódicos para disculparse y su elección es lo que debemos analizar, porque la credibilidad y legitimidad sigue siendo de los diarios impresos.
Es un dato que habla más del periodismo, otra vez, que del inmenso e indiscutible poder del mundo digital.
Este reconocimiento es también el reconocimiento del poder de una investigación periodística que fue la que desencadenó esta tormenta sobre Facebook e iluminó la utilización de datos privados en la manipulación política.
Lo que un ex empleado de Cambridge Analytica, que fue la principal fuente de la investigación de The Guardian y The New York Times, está revelando, es el papel fundamental que cumplieron, por ejemplo, en el Brexit, la decisión británica de abandonar la Unión Europea que triunfó por un estrechísimo margen.
"Hacer trampas es hacer trampas", dice Christopher Wylie, el ex empleado de la consultora que se animó a hablar y a describir el papel que jugó Cambridge Analytica en la utilización de datos de las redes sociales para predecir conductas políticas o inducirlas a cambiar de posición.
La inmensidad de datos personales que flotan en Internet hace que resulte cada vez más difícil evitar este tráfico de información. El volumen del escándalo ha hecho levantar voces en reclamo de una regulación del Big Data, pero esta discusión recién está en el comienzo.
Las grandes filtraciones de secretos que han provocado terremotos, comenzando por Julián Assange o por quien entonces se llamaba Edward Snowden, así como los Panamá Papers, han sido investigadas y publicadas en grandes diarios.
El periodismo sigue siendo el espacio donde esta gran cantidad de datos se torna inteligible para las audiencias. Más allá de eso, los diarios les dan a esas investigaciones jerarquía y credibilidad.
La palabra impresa conserva así su legitimidad y los factores de poder le siguen dando ese lugar privilegiado e indiscutible.
Se puede decir con propiedad hay muchos indicadores que lo certifican que los cambios de conducta de las audiencias afectan a los productos periodísticos impresos (también a los libros) porque la cultura digital avanza con el poder de un tsunami.
Sin embargo, hay razones sólidas todavía para que el soporte de papel demuestre que sigue vivo y que conserva su influencia debido al poder del periodismo.
Hasta la arrogancia de Facebook lo admite.

(*) Publicado en Clarín.
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Lunes, Diciembre 10, 2018
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