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El domingo pasado, un vecino afortunado ganó 100 millones de pesos.

POR MAURO AGUILAR

Ausonia tiene 1.500 habitantes y muchos perros. La mayoría de los animales son amables, pero sobre todo perezosos. Algunos, los menos, ladran cuando un extraño se les arrima. Quizás se les contagió algo del alboroto que provocó, el domingo pasado, la noticia de que un vecino afortunado ganó 100 millones de pesos en el Quini 6. En el pueblo cordobés dicen estar “revolucionados”, aunque el paisaje los desmiente: hay poca gente en la calle, caminan lento, se saludan, no hay ruidos. Todo asoma prolijo y ordenado.

La novedad del nuevo millonario, un muchacho de 27 años que está casado, tiene un hijo y todos conocen, alteró la paz habitual. Llegó la prensa. Y preguntan. Preguntan mucho más de lo que le gustaría a la gente de Ausonia, acostumbrada a no contar detalles que por otra parte aquí ya todos saben.

“Ni nombres ni direcciones”, advierten dos vecinas que se cruzan en la vereda. Nadie se puso de acuerdo, pero todos decidieron blindar datos sensibles del ganador. Saben que la felicidad de un premio fabuloso también puede significar un dolor de cabeza.

“Acá nos cuidamos entre todos”, explica Mariela, empleada de la agencia de lotería donde se vendió la boleta. El destino les dio una misión: mantener el secreto. La cumplen con esmero, aunque cada tanto se escape alguna infidencia.

El domingo, cuando se anunció que el ganador era de Ausonia, empezó un corrillo para averiguar quién era el afortunado. Una docena de boletas jugadas cerró el círculo rápido. El ganador lo admitió y al rato los vecinos pasaban por su casa para saludarlo o tocarle bocina.

“Yo en el lugar de él lo hubiese negado a muerte. Ese fue el pequeño error. Ahora la gente está haciendo lo imposible para hacer un cerrojo y resguardarlo”, explicó a este diario el intendente Mauricio Pajón.

El agenciero de la suerte, Daniel Morelatto, cuenta que el viernes le llevó la boleta y un billete de lotería y se encontró con una advertencia que ahora impacta. “Al Quini capaz que lo dejo de jugar. Siete años y nunca saqué nada”, le dijo el apostador tocado por la varita de la diosa fortuna. Siete años eligiendo los mismos números en el sorteo del domingo. Nunca en la jugada de los miércoles. Y sus números fueron a salir, todos juntos, un domingo. La suerte estaba de su lado.

Ni siquiera pagó la boleta ganadora, una licencia que tienen los clientes. “Caradura, me debés la boleta. Espero que me la pagues”, le dijo Morelatto el lunes, entre risas. El comerciante se quedará, luego de los descuentos, con unos 700 mil pesos. Piensa en un viajecito “con la bruja”, en cambiar la camioneta con la que reparte soda o en comprar un departamentito en Villa María. Ya se verá.

Lucas Martínez es policía y amigo de la infancia del nuevo millonario. Insiste en que la plata no lo va a cambiar y que el lunes, el martes y ayer fue al campo a trabajar con su padre. “Siguió con su vida normal”, asegura a Clarín.

Una vida de trabajo en el pequeño emprendimiento agropecuario de la familia que se mezcla con su afición por el fútbol –es hincha de River y juega en la liga de Villa María representando a Juventud River Plate, el club de Ausonia--, el asado con amigos, las bochas o las cartas.

Dicen que desde que conoció la noticia el ganador se levanta todos los días a las 6.30 para ir a trabajar, como lo hizo siempre. Mariela es vecina del afortunado y de su familia. Habló con la hermana, quien le dijo que tenía “un quilombo de emociones”: alegría, incertidumbre, miedo.

Ausonia se mueve al ritmo de la actividad agropecuaria. Tiene un presupuesto anual de 25 millones de pesos, la cuarta parte del premio que otorgó la lotería santafesina a uno de sus pobladores. La ciudad se extiende sobre la ruta 4 por diez cuadras. De ancho, apenas seis. Celebra su fecha de fundación el 30 de agosto, pero no tiene claro siquiera cuántos años cumple.

“No tenemos acta de fundación”, explica el ex intendente Hugo Morelatto mientras disfruta el vermú en el bar “La Esperanza”, el mismo lugar en el que el ganador del Quini 6 juega a la Mosca o a la Chancha con sus amigos y otros parroquianos.

El hombre, de 75 años, se ríe cuando se lo consulta por otras noticias impactantes que hayan alterado la vida del pueblo. “No, nunca”, responde Morelatto. “Si acá nunca pasa nada”, coinciden Gladys Flores (67) y Susana Mossello (73). Debe ser cierto porque todos toman como mojones históricos algunos sorteos suculentos: 150 mil pesos que alguien ganó en la lotería, un auto. A los 100 millones del Quini no le gana nadie. Quizás sea el hecho más trascendente desde la fundación.

El lugar es sereno. Las bicicletas descansan en la vereda. Sin cadenas ni candados. “¿Viste que a la Pitu le robaron las zapatillas del asador?”, le cuenta Mossello a su vecina. “¿No habrán sido los perros?”, le responde, incrédula, Flores. “Acá nos conocemos entre todos, somos como una familia”, comentan Ramón Martínez y su esposa, Mariela Isabel, los dueños de “La Esperanza”.

Los vecinos miran con recelo al visitante. Lo identifican rápido. El premio millonario los puso en alerta. Una camioneta de la policía de Córdoba detiene al equipo de Clarín. Pide nombres, datos, identificaciones. A la oficial no le agrada la presencia de extraños. Es como uno de esos perros que cada tanto ladran en la calle. El resto son amables y mansos. Como casi todos en Ausonia, el pueblo donde el azar, un bolillero y seis números montaron una pequeña revolución.
CLARIN

Miércoles, Diciembre 19, 2018
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