Qué es la trombocitopenia inmune, el trastorno detectado en algunas personas vacunadas contra el COVID-19

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Luego de la aplicación de la vacuna contra el coronavirus, muchos pacientes presentaron una alteración sanguínea que destruye las plaquetas.

¿En qué consiste la reacción adversa que los laboratorios ya analizan si tiene relación con la inmunización?

Ante la pandemia por coronavirus, que sigue arrasando con la vida de cientos de miles en el mundo, los planes de vacunación siguen provocando expectativas. Sin embargo, sobre la inmunización también han nacido dudas genuinas debido a algunos casos que se han reportado de muertes o de padecimientos extraños después de su aplicación. Algunas personas, a días de aplicarse la primera dosis de la vacuna, presentaron severos problemas de salud que van desde moretones en brazos y piernas, así como úlceras en la boca. Algo que los especialistas comenzaron a describir como trombocitopenia inmune.

Pero, ¿de qué se trata? Es un trastorno hemorrágico en el sistema inmunitario que destruye las plaquetas, que son necesarias para la coagulación normal de la sangre. Las personas con la enfermedad tienen muy pocas plaquetas en la sangre. Esto puede ser ocasionado cuando ciertas células producen anticuerpos antiplaquetarios. Las plaquetas ayudan a que la sangre se coagule aglutinándose para taponar pequeños agujeros en los vasos sanguíneos dañados. Los anticuerpos se fijan a las plaquetas y el cuerpo destruye las plaquetas que llevan los anticuerpos.

En los niños, a veces, la enfermedad se presenta después de una infección viral. En los adultos, con mayor frecuencia es una enfermedad crónica a largo plazo y puede ocurrir después de una infección viral, con el uso de ciertos fármacos, durante el embarazo o como parte de un trastorno inmunitario. Esto afecta más a mujeres que a hombres, aunque es más común en niños que en adultos.

Se desconoce si esta irregularidad sanguínea tiene relación con las vacunas contra el COVID-19. Tras conocerse más de 30 casos en los Estados Unidos, las autoridades de la Administración de Medicamentos y Alimentos (FDA) y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, señalaron que estaban analizando los informes pero que, hasta ahora, parecía que la frecuencia de este trastorno en las personas vacunadas no era mayor a la frecuencia que normalmente se presentaba en la población norteamericana, así que tal vez podría ser una coincidencia. Se cree que, en general, las vacunas son inocuas. Existen reportes de algunas reacciones alérgicas graves pero tienen tratamiento y, según los reguladores, el porcentaje corresponde al reportado en el caso de otras vacunas.

James Bussel, hematólogo y profesor emérito en el Centro Médico Weill Cornell manifiesta: “creo que tal vez existe una relación, dado el bajísimo porcentaje de destinatarios de la vacuna con trombocitopenia, estoy suponiendo que hay algo que los hizo propensos a desarrollarla”, afirmó. Y además agregó: “que suceda después de la vacunación es bien conocido y se ha visto con muchas vacunas. Cuando sucede, no sabemos la causa”.

Por otra parte, el especialista dijo que era importante compartir información sobre los casos, puesto que la trombocitopenia severa puede ser grave y los médicos deben saber cómo tratarla. En algunos casos, la condición resiste a los tratamientos indicados y si el bajo nivel de plaquetas persiste el paciente corre el riesgo de sangrado excesivo e incluso hemorragia cerebral.

En misma sintonía, el médico experto en trastornos de la sangre en la Universidad Johns Hopkins, Jerry Spivak, también dijo que la conexión con la vacuna parecía ser real pero pronosticó que los casos serían extremadamente raros y los calificó como “idiosincráticos” y tal vez relacionados a ciertas características subyacentes de cada paciente. Los médicos aseguran que estos casos no son una razón para no vacunarse contra el COVID-19. El riesgo de que esta enfermedad se agrave es mucho mayor que el riesgo de desarrollar este raro padecimiento y las vacunas son fundamentales para controlar la pandemia.

Sin embargo, un grupo de contención a pacientes, en su forma más común, indica que la trombocitopenia inmune es una enfermedad autoinmune que afecta a cerca de 50.000 personas los Estados Unidos. Este padecimiento se desarrolla cuando, por razones que se desconocen, el sistema inmunitario ataca a las plaquetas o a las células que las producen. En ocasiones se presenta después de una enfermedad viral y puede durar meses o incluso volverse crónica y durar varios años. Por lo general, tiene tratamiento. Algunos grupos de profesionales han recomendado que los pacientes con esa enfermedad se vacunen contra el COVID-19 una vez consultado el hematólogo.

Desde los distintos laboratorios que proporcionan la vacuna en EE.UU, dieron las explicaciones correspondientes. Pfizer BioNtech señaló en un comunicado que toma “muy en serio los informes de las reacciones adversas” y añadió que estaba al tanto de los casos de trombocitopenia de las personas que recibieron las vacunas. También puntualizó que la empresa está recabando “información relevante para compartirla con la FDA. Sin embargo, en este momento, no hemos podido establecer ninguna relación causal con nuestra vacuna”. Desde Moderna, emitieron un comunicado que no abordaba el problema del trastorno de las plaquetas, sino que mencionaba que la empresa “monitorea de manera continua la seguridad de su vacuna contra el COVID-19 mediante el uso de todas las fuentes de información” y que sistemáticamente comparte con los reguladores información sobre la inocuidad. En muy pocas ocasiones se ha presentado este trastorno en personas que recibieron otras vacunas, en especial la de sarampión, rubéola y paperas.
INFOBAE

 

 

 

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