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El triunfo del oficialismo en Corrientes está ligado en forma directa al aumento de la imagen positiva del presidente de la Nación. Las encuestas muestran desde hace tiempo una tendencia al cambio, pero se trata de un cambio con nombre y apellido: Mauricio Macri, y se acentuó con la lenta pero perceptible recuperación de la economía.

En Corrientes, por ejemplo, no hubo cambio. El oficialismo triunfante gobierna la provincia desde hace ocho años y su líder es un caudillo de provincias. No pudo seguir en el poder por un impedimento constitucional, pero tiene el perfil de un jefe que se maneja con aparatos políticos a la vieja usanza.

En ese contexto el macrismo tuvo una performance arrolladora al ganar con el 54% de los votos. El Presidente visitó la provincia doce veces en menos de dos años, aunque se trata de un distrito "chico" con una cantidad de votantes similar a la de un municipio como Lomas de Zamora.

De alcanzarse un porcentaje parecido en la Ciudad de Buenos Aires se estaría frente a un éxito apabullante, pero lo llamativo es que fue conseguido en una provincia con 40% de pobres y 9% de indigentes. Los responsables del libreto que recita en cada acto Cristina Kirchner deberían explicar cómo un gobierno para ricos que no machaca permanentemente con la "justicia social" ni incentiva el resentimiento ganó en un distrito tan pobre o cómo hicieron los medios complotados con el Ejecutivo para engañar a tanta gente al mismo tiempo.

Otro dato destacado es que los peronistas cuestionaron a Macri por integrar un gobierno de ex altos ejecutivos de empresa (CEOS) supuestamente alejados de la realidad popular, pero le están copiando las estrategias electorales. No sólo el timbreo. Concurrieron a la elección con dos candidatos pertenecientes al deporte y la farándula, un medallista olímpico y un cómico radical, contra un caudillo tradicional. Y perdieron.

Para el kirchnerismo todas las estrategias hoy parecen malas. Separó la elección de intendente de la capital para no perder ese bastión, pero también fracasó. En junio otro radical le ganó al peronista Fabián Ríos por más del 50% de los votos.

A pesar del triunfo contundente y de que es un visitante asiduo de la provincia, Macri no se fotografió con el ganador. Dejó esa tarea a Marcos Peña y Rogelio Frigerio. Esa también es una característica de su liderazgo por delegación, un personalismo atenuado que no se sobreexpone. Tampoco satura los medios con discursos autorreferenciales ni bajadas de línea como su antecesora. En plena campaña limita sus apariciones a actos oficiales o a la inauguración de obras públicas.

De todas maneras nadie se confunde. Gana en Corrientes con radicales, en CABA con Carrió y en la provincia de Buenos Aires parece a punto de hacerlo con un candidato casi ausente. Aunque la marca no está en la boleta, esa marca es Macri, un fenómeno de la democracia todavía por explicar. Un fenómeno que el peronismo debería analizar en lugar de seguir dándose la cabeza contra la pared de pura soberbia.(LA PRENSA)

 

 

Viernes, Diciembre 15, 2017

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